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Wang Yi pide a Washington abandonar su «política hostil» hacia Pionyang antes de cualquier cumbre

El canciller chino interviene en la ecuación nuclear coreana con un mensaje que conviene leer como presión sobre la agenda de seguridad de Trump, no como mediación desinteresada.
Foto: infobae.com
Líderesjueves 20 de agosto de 2026

El ministro de Exteriores de China, Wang Yi, afirmó que Estados Unidos «debe cambiar su tradicional política hostil hacia Corea del Norte» como condición implícita para que prospere una posible cumbre entre los líderes de ambos países. Las declaraciones, recogidas por la agencia surcoreana Yonhap, las realizó Wang tras reunirse en Seúl con su homólogo surcoreano, Cho Hyun, en la noche del miércoles.

Wang matizó que la decisión «es un asunto que deben decidir Corea del Norte y Estados Unidos», pero la dirección del mensaje fue inequívoca: la carga del cambio recae sobre Washington. La formulación es característica de la diplomacia de Pekín — enmarcar sus preferencias estratégicas como consejos neutrales de un tercero responsable.

La visita de Wang a Seúl no se limita al expediente norcoreano. El canciller tiene previsto reunirse este jueves con el presidente surcoreano, Lee Jae Myung, y adelantó la posibilidad de una cumbre entre Lee y el presidente Xi Jinping en noviembre, en los márgenes de la reunión de la APEC que se celebrará en Shenzhen. El encuentro reforzaría el proceso de normalización bilateral iniciado cuando Lee viajó a Pekín a comienzos de año, convirtiéndose en el primer líder surcoreano en visitar China en los últimos seis años.

El Ministerio de Exteriores de Seúl señaló en un comunicado que ambos cancilleres «intercambiaron puntos de vista sobre la situación en la península coreana y el estado de las relaciones bilaterales». El ministro Cho valoró que «el impulso para la plena restauración de las relaciones entre Corea del Sur y China se ha consolidado firmemente» tras las visitas de Estado mutuas, y abogó por «la implementación constante de medidas de seguimiento en diversos sectores».

Durante la visita de Lee a Pekín, Xi afirmó que China y Corea del Sur, como «amigos y vecinos», deben «visitarse con mayor frecuencia, mantener intercambios regulares y reforzar la comunicación». La retórica de proximidad contrasta con una etapa previa marcada por fricciones políticas y comerciales entre ambas naciones.

Conviene mirar los incentivos. Pekín tiene razones propias para administrar el ritmo y las condiciones de cualquier acercamiento entre Washington y Pionyang. Una cumbre Trump-Kim negociada al margen de China reduciría el peso de Pekín como árbitro indispensable en el noreste asiático; una cumbre que fracase por rigidez estadounidense refuerza la narrativa china de que es Washington quien bloquea la estabilidad regional. El consejo de Wang a Estados Unidos no es, pues, mediación altruista: es posicionamiento estratégico.

Para la política exterior de Marco Rubio y el equipo de Trump, el dato importa más que el ruido. Cualquier apertura hacia Pionyang que se perciba como concesión a la presión de Pekín debilitaría la credibilidad disuasoria de Washington frente a sus aliados en la región — Seúl, Tokio, Taipéi — precisamente cuando China busca ampliar su influencia sobre un gobierno surcoreano que ya ha dado pasos hacia la reconciliación con Pekín. La historia sugiere cautela: las cumbres espectaculares sin arquitectura de verificación no desnuclarizan a nadie.

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