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Oriente Medio y África

Trump declara guerra económica total a Irán y amenaza a sus aliados comerciales

Washington escala la presión sobre Teherán con el anuncio de un aislamiento «sin precedentes» y advierte a terceros países que hacer negocios con la república islámica tendrá consecuencias «tremendas».
Foto: semana.com
Oriente Medio y Áfricajueves 20 de agosto de 2026

El presidente Donald Trump anunció el miércoles una ofensiva económica de escala inédita contra Irán, describiendo la medida como «la operación económica más aplastante jamás emprendida contra ningún país». La declaración, publicada en Truth Social, extiende la presión más allá de Teherán: cualquier país cuyas instituciones financieras, empresas, aeropuertos o entidades gubernamentales ofrezcan «cualquier tipo de salvavidas» a Irán enfrentará, según Trump, «tremendas consecuencias económicas».

El anuncio no incluyó detalles sobre los mecanismos de castigo ni nombró países específicos. Sin embargo, su alcance potencial es global: abarca desde bancos hasta aerolíneas que mantengan vínculos con la república islámica.

La declaración llega casi una semana después de que el secretario del Tesoro, Bessent, anticipara en la cadena Newsmax que Estados Unidos impondría «una combinación de aislamiento económico como el mundo nunca ha visto». La coordinación entre ambos funcionarios sugiere una estrategia deliberada de señalización máxima antes de que se concrete el marco regulatorio.

El contexto diplomático es sombrío. Trump afirmó el martes que «no hay diálogo ni conversaciones en curso, ni tampoco están previstas, con la República Islámica de Irán». Según una fuente estadounidense citada por la AFP, esos intercambios han sido suspendidos y Trump habría pedido a sus equipos que no los reanuden mientras Teherán no se acerque a las posiciones de Washington.

Del lado iraní, el negociador jefe Qalibaf condicionó la reapertura del estrecho de Ormuz al cumplimiento de compromisos pactados en un protocolo de acuerdo firmado en junio, que establecía una tregua de sesenta días. Ese texto quedó «hecho añicos» con la reanudación de las hostilidades en julio. Durante un viaje a Irak, Qalibaf defendió la importancia de reforzar «el nuevo orden» regional y denunció «la injerencia extranjera».

El estrecho de Ormuz es el nudo del conflicto inmediato. Irán ataca buques que intentan atravesarlo sin solicitar autorización previa y busca imponer tasas de navegación a los barcos en tránsito, posición que Estados Unidos y varios países de la región rechazan firmemente. Irán y Omán llevan semanas debatiendo la futura gestión de ese paso estratégico.

La guerra se acerca a su sexto mes sin salida diplomática o militar visible. Trump, además, enfrenta escrutinio político interno con las elecciones de medio mandato en noviembre en el horizonte, lo que añade urgencia doméstica a una escalada que hasta ahora ha sido principalmente retórica.

Conviene mirar los incentivos. La amenaza de sanciones secundarias —castigar a terceros que comercien con Irán— es el instrumento más poderoso del arsenal económico estadounidense, y su sola mención basta para que bancos y aseguradoras recalculen su exposición. El costo real recae sobre empresas privadas y consumidores de países que no son parte del conflicto, lo que convierte la medida en una prueba de hasta dónde están dispuestos a llegar los socios comerciales de Washington.

El dato importa más que el ruido. Mientras no se publiquen las órdenes ejecutivas o las designaciones del Tesoro, el anuncio opera como presión psicológica. La historia de las sanciones máximas sugiere cautela: su eficacia depende de la cohesión de la coalición que las aplica, y esa cohesión está por demostrarse.

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