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Oriente Medio y África

Pakistán lleva a Teherán un último intento de diálogo mientras Washington lanza su mayor campaña de sanciones contra Irán

El jefe del Ejército paquistaní, Munir, se reunió con Pezeshkian el mismo día en que el secretario Bessent anunció lo que describió como «la mayor campaña coordinada de aislamiento económico en la historia del mundo» contra la República Islámica.
Foto: infobae.com
Oriente Medio y Áfricamartes 25 de agosto de 2026

El general Asim Munir aterrizó en Teherán el lunes con un mandato preciso: mantener abierta la única vía de negociación que aún conecta a Irán con Estados Unidos. La visita, anticipada el domingo por el Ministerio de Asuntos Exteriores iraní como parte de «los esfuerzos continuos de Pakistán para ayudar a consolidar la paz y la seguridad en la región», coincidió con el anuncio más contundente que Washington ha hecho desde que estalló el conflicto el pasado 28 de febrero.

Ese mismo lunes, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, describió el nuevo paquete de medidas como «la mayor campaña coordinada de aislamiento económico en la historia del mundo» contra Irán. Las sanciones apuntan a sancionar transferencias de dinero y compras de petróleo iraní, y Bessent advirtió que los países que proporcionen «cualquier tipo de ayuda vital a Irán» también enfrentarán consecuencias financieras. La advertencia alcanza explícitamente a actores como China o Rusia, que mantienen vínculos comerciales con Teherán.

Munir no viajó solo. Lo acompañó el ministro del Interior paquistaní, Mohsin Naqvi, quien se reunió por separado con su par iraní, Eskandar Momeni. La delegación también se sentó con el presidente del Parlamento iraní y jefe negociador de Teherán, Mohamad Baqer Qalibaf, y con Mohsen Rezaei, titular del máximo órgano de seguridad nacional del país.

Qalibaf no suavizó el tono: afirmó que «Estados Unidos ha impedido la instauración de la estabilidad en la región y ha generado nuevos motivos para la desconfianza», y reclamó que Washington cumpla con los compromisos del memorando de entendimiento firmado en Islamabad en junio. «Queremos que se apliquen los términos del memorándum. Es Estados Unidos quien debe cumplir con sus obligaciones al respecto», declaró.

Un alto responsable de seguridad paquistaní, que pidió el anonimato, precisó que Munir «permanece en contacto constante con el liderazgo estadounidense» y que su interacción reciente con el presidente Donald Trump —producida la semana pasada— se enmarca en ese rol mediador. «Pakistán quiere ver el fin pacífico de este conflicto y está haciendo un último esfuerzo para lograr esa paz mediante negociaciones», añadió la fuente.

Irán respondió con un lenguaje igualmente duro: el gobierno de Pezeshkian declaró que considerará «enemigo» a cualquier Estado que se sume a la «guerra económica» impulsada por Washington, y amenazó con atacar intereses económicos estadounidenses si las medidas financieras avanzan. En ese escenario, el estrecho de Ormuz —la vía marítima entre Irán y Omán por donde transita una parte sustancial del petróleo y gas mundial— se mantiene como uno de los principales focos de tensión del conflicto.

Conviene mirar los incentivos. La arquitectura de presión que Bessent presentó este lunes no es un gesto retórico: apunta a cortar los flujos financieros y energéticos que sostienen la economía iraní, y pone en la mira a terceros que opten por la neutralidad comercial. Para Islamabad, el cálculo es delicado: actuar como mediador le otorga visibilidad diplomática y acceso directo a Washington, pero la escalada de sanciones estrecha el margen de maniobra de Teherán y reduce el espacio para cualquier acuerdo negociado.

El dato importa más que el ruido. Que Munir haya viajado el mismo día del anuncio de Bessent no es casualidad: es la señal de que Pakistán entiende que la ventana se cierra. Si el aislamiento económico avanza con la velocidad que Washington promete, la mediación paquistaní perderá relevancia antes de que produzca resultados. La historia sugiere cautela ante los «últimos esfuerzos» diplomáticos; pero también ante la certeza de que las sanciones, por sí solas, resuelven conflictos.

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