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Finanzas y economía

Maíz en Chicago: precio máximo en diecinueve meses ante dudas sobre oferta global

La proyección de Pro Farmer recortó en casi 17 millones de toneladas la cosecha estadounidense estimada por el USDA; los puertos ucranianos del Mar Negro, bajo ataque ruso, agravan el cuadro de abastecimiento.
Foto: lanacion.com.ar
Finanzas y economíamartes 25 de agosto de 2026

El maíz cerró el lunes en la Bolsa de Chicago en su nivel más alto en un año y siete meses. La posición septiembre terminó en US$193,50 por tonelada, con una mejora de US$3,05, mientras que el contrato diciembre ganó US$2,76, hasta US$202,94 por tonelada.

El detonante llegó desde Estados Unidos. La organización Pro Farmer difundió, luego del cierre del viernes, los resultados de su recorrida anual por las principales zonas agrícolas del país. Su proyección de cosecha se ubicó en 389,75 millones de toneladas, casi 17 millones por debajo de los 406,75 millones calculados por el Departamento de Agricultura (USDA). La diferencia descansa en el rendimiento esperado: Pro Farmer estimó un promedio nacional de 108,71 quintales por hectárea, frente a los 113,42 quintales previstos por el organismo oficial.

Eugenio Irazuegui, analista de mercados de Zeni, precisó que «más allá de que el Medio Oeste y el este de las planicies muestren un enorme potencial, se dejó en claro que los cultivos no presentan un desarrollo uniforme y parte de los resultados reflejan zonas bajo presión». En Dakota del Sur y Nebraska los cultivos sufrieron restricciones de humedad; en Ohio, Indiana e Illinois, el problema fue el exceso de agua.

Europa sumó presión adicional. El servicio de seguimiento de cultivos MARS redujo por segundo mes consecutivo su previsión de rendimiento promedio del maíz para grano comercial, de 6,93 a 6,61 toneladas por hectárea, por olas de calor y sequía. El nuevo cálculo quedó un 7% por debajo del promedio de los últimos cinco años y lejos de las 7,38 toneladas proyectadas en junio. Una producción más baja obligaría a la Unión Europea a aumentar sus importaciones durante el ciclo comercial 2026/2027.

Ucrania, uno de los principales proveedores del bloque europeo, tampoco ofrece certezas. Desde la corredora Granar advirtieron que las exportaciones de ese país «están en serio riesgo por la paralización que registran los puertos sobre el Mar Negro tras los sucesivos ataques rusos». Durante la rueda, la mejora del maíz llegó a superar los US$5 por tonelada, aunque luego cedió parte de la ganancia: el límite a la suba lo pusieron los propios productores estadounidenses, que aprovecharon los mejores valores para vender existencias de la campaña 2025/2026.

Los embarques semanales de maíz informados por el USDA sumaron 1.296.271 toneladas, por debajo de las 1.944.870 toneladas del informe anterior y del rango de entre 1,5 y 1,8 millones de toneladas que esperaban los operadores.

La soja se movió en sentido contrario. La posición septiembre perdió US$3,31 por tonelada, a US$446,80, y noviembre retrocedió US$5,61, a US$449,83. Pro Farmer proyectó una producción récord de 124,43 millones de toneladas, por encima de los 122,99 millones del USDA, con un rendimiento promedio de 35,84 quintales por hectárea contra los 35,44 previstos por el organismo. Irazuegui señaló que «el saldo final que dejó el registro de muestras tomadas en el Pro Farmer y la depreciación del aceite actuaron como factor de presión en los precios de la soja».

El aceite de soja registró una fuerte caída: el contrato septiembre perdió US$48,95 y cerró en US$1.479,93 por tonelada. Irazuegui vinculó parte de la baja con la decisión de excluir al aceite de canola importado desde Canadá de los nuevos aranceles aplicados por la Casa Blanca, y con la decisión de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de postergar el plazo para que las refinerías demuestren el cumplimiento de las normas sobre mezcla de biocombustibles. Granar añadió que el mercado también siguió la posibilidad de que la EPA acepte pedidos de pequeñas refinerías que buscan quedar exceptuadas de esas obligaciones por razones financieras. La harina de soja, en cambio, acompañó al maíz: según Granar, el contrato septiembre aumentó US$2,87, a US$353,07 por tonelada, ante la perspectiva de que una menor oferta del forrajero derive demanda hacia ese subproducto.

Conviene mirar los incentivos. La convergencia de tres factores —cosecha estadounidense por debajo de las estimaciones oficiales, campaña europea deteriorada y puertos ucranianos bloqueados— configura un escenario de oferta ajustada que los mercados ya están descontando. Para los productores exportadores de la región, el alza del maíz representa una ventana de valor; para los importadores netos y las industrias que dependen del grano como insumo, el mensaje es el opuesto. El dato importa más que el ruido: cuando la oferta se contrae por razones simultáneas en tres geografías distintas, la señal de precio rara vez es transitoria.

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