La Oficina de Turismo de Nepal declaró este jueves que sigue sin poder contactar con 517 turistas extranjeros, más de 24 horas después de la riada que arrasó parte de la frontera norte del país con el Tíbet chino.
La distribución por nacionalidades revela la magnitud del impacto sobre visitantes de todo el mundo: 178 ciudadanos de India, 65 de Estados Unidos, 53 de Ucrania, 51 de Malasia, 35 de Australia, 33 de Reino Unido y 25 de Canadá. A esa lista se suman nueve desaparecidos de Singapur, ocho de Alemania y otros ocho de Rusia, entre otros países.
La policía de Nepal ha dado una cifra total de más de 1.300 personas desaparecidas y al menos 180 fallecidos. La Oficina de Turismo informó que las autoridades trabajan para «verificar el paradero y la seguridad de los turistas y viajeros» en las zonas afectadas.
El Ministerio de Relaciones Exteriores chino indicó que «cerca de 100 ciudadanos chinos están desaparecidos en las zonas afectadas por el desastre del lado nepalí». Los medios estatales chinos reportaron que el «deslizamiento de tierra» en el puerto de Gyirong, en el Tíbet, dejó tres muertos, mientras que 558 personas —entre ellas 260 extranjeros— se encuentran desaparecidas.
Desde Madrid, el ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, declaró en un audio enviado a la prensa por su oficina que por el momento no constan fallecidos españoles, aunque precisó que «hay cuatro personas que no localizamos».
El desastre se produjo en una zona de alta afluencia turística, próxima a la frontera con el Tíbet, lo que complica las labores de rescate y verificación. La dispersión geográfica de los afectados y la diversidad de nacionalidades involucradas exigen una coordinación consular de múltiple frente, en un terreno donde la infraestructura de comunicaciones es frágil incluso en condiciones normales.
Conviene mirar los incentivos que estructuran la respuesta. Nepal es uno de los destinos de montaña más visitados del mundo, y su economía depende de manera significativa del turismo internacional. La capacidad del Estado nepalí para gestionar emergencias de esta escala —con más de 1.300 desaparecidos y decenas de gobiernos extranjeros reclamando información— pone a prueba instituciones que históricamente han operado con recursos limitados. El dato importa más que el ruido: mientras los comunicados oficiales hablan de «verificación», cientos de familias en tres continentes esperan noticias concretas. La respuesta de los próximos días dirá más sobre la solidez institucional del país que cualquier cifra de visitantes anuales.


