El 27 de agosto, el ministro de Comercio, Industria y Turismo de Colombia, Mauricio Gómez, se reunió en Tokio durante más de 40 minutos con Toshimitsu Motegi, ministro de Asuntos Exteriores de Japón, para impulsar la reactivación del Acuerdo de Asociación Económica (EPA) entre ambos países.
Según el comunicado de la cancillería japonesa, Motegi abrió el encuentro expresando condolencias por el terremoto en Colombia y destacó la visita de Gómez como señal de que la nueva administración del presidente Abelardo De La Espriella «otorga importancia a las relaciones con Japón». Gómez, por su parte, agradeció el apoyo japonés tras el sismo y manifestó su «firme deseo de reactivar las negociaciones en curso» del EPA.
El resultado concreto de la reunión fue el compromiso de ambos ministros de instruir a sus equipos técnicos para «continuar las conversaciones de manera diligente con miras a reactivar las negociaciones», según el mismo comunicado.
En paralelo, Gómez se reunió con Toshiro Ino, ministro de Economía, Comercio e Industria de Japón, para avanzar en una agenda orientada a «reactivar y concluir» el EPA. El ministro colombiano describió el acuerdo como un instrumento «moderno» que abriría puertas para la agroindustria, la inversión y la transferencia de tecnología.
La agenda en Tokio incluyó también un encuentro con Hiroshi Nanbu, presidente de Business Planning & Operation de Toyota Motor Corporation. Según Gómez, la conversación giró en torno a una relación bilateral que «ya suma más de cinco décadas» y a la posibilidad de ampliar operaciones en Colombia: ensamble de vehículos híbridos y eléctricos, infraestructura de carga y desarrollo de proveedores locales.
El ministro calificó a Colombia como una «plataforma regional de producción e inversión» con talento, ubicación estratégica y condiciones competitivas, e invitó a Toyota a «seguir creciendo» en el país.
Conviene mirar los incentivos. La reactivación del EPA con Japón es exactamente el tipo de señal que los mercados y los inversionistas extranjeros necesitan leer en una economía que busca reposicionarse tras años de incertidumbre regulatoria. Un acuerdo de esta naturaleza no solo reduce aranceles: establece reglas predecibles para la propiedad intelectual, la inversión y los estándares técnicos, los pilares sobre los que se construye la confianza empresarial de largo plazo.
El dato importa más que el ruido. La visita ocurre apenas semanas después de la posesión del gobierno De La Espriella, lo que indica una prioridad clara en la agenda de libre empresa y apertura comercial. Si los equipos técnicos avanzan con la diligencia prometida, Colombia podría cerrar un acuerdo con la tercera economía del mundo, un activo que ningún gobierno anterior logró concretar. La historia sugiere cautela ante los plazos diplomáticos, pero el rumbo es el correcto.



