Edición Globaljueves 27 de agosto de 2026 El mundo en breveLa edición semanal
Continente ORDEN Y PERSPECTIVA GLOBAL.
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacionalNegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
Secciones y más
El mundo
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacional
Negocios, ciencia y cultura
NegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
El medio
El mundo en breveLa edición semanal BoletinesAcerca
Oriente Medio y África

Líderes civiles de Irán presionan por un acuerdo con Trump mientras el «D-Day económico» se acerca

El presidente Pezeshkian y el presidente del Parlamento admiten públicamente que la presión económica es insostenible, pero los halcones del régimen siguen bloqueando cualquier negociación real.
Imagen generada con IA
Oriente Medio y Áfricadomingo 23 de agosto de 2026

El presidente iraní Masoud Pezeshkian y el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, han salido a declarar públicamente que la guerra con Estados Unidos debe terminar. La señal es inusual en un régimen que históricamente ha castigado cualquier muestra de debilidad ante Washington.

«La guerra debe llegar a su fin en algún momento», dijo Pezeshkian en un discurso el viernes, según medios estatales iraníes. «Es mejor que demostremos nuestra fortaleza y dignidad hoy y le digamos al mundo que hemos ganado y que estamos poniendo fin a la guerra.» La retórica de victoria envuelve, en realidad, un reconocimiento de agotamiento.

Ghalibaf fue más directo sobre los riesgos estructurales: «No importa cuánto poder militar tengamos; si nuestro pueblo está sufriendo y el país carece de circulación financiera y crecimiento económico, no lograremos el progreso». El parlamentario, que se describió como veterano de guerra, añadió que comprende «el verdadero valor de la paz».

El detonante inmediato es la presión económica acumulada desde que colapsó el memorando de entendimiento firmado por Trump en junio. Ese acuerdo se derrumbó después de que Irán lanzara varios ataques contra embarcaciones en el Estrecho de Ormuz. Desde entonces, Washington mantiene un bloqueo que ha cortado la capacidad de Teherán de vender petróleo, su principal fuente de ingresos, generando inflación y una crisis de costo de vida en el interior del país.

Esta semana, el secretario del Tesoro Scott Bessent tiene previsto anunciar lo que Trump ha denominado las medidas del «D-Day económico» contra Irán. Bessent ha insinuado que incluirán sanciones secundarias contra países que hagan negocios con el régimen, aunque los detalles exactos no han sido confirmados.

El impacto en el tráfico energético global ya es medible. Antes del inicio del conflicto, el Estrecho de Ormuz canalizaba aproximadamente 20 millones de barriles de petróleo al día. La administración Trump afirma que actualmente asegura el paso de entre 8 y 9 millones de barriles diarios, menos de la mitad del flujo previo.

El obstáculo central no es la voluntad de los civiles: es la estructura de poder del régimen. Pezeshkian afirmó haber estado en presencia del Líder Supremo, Ayatollah Mojtaba Khamenei —quien no ha aparecido públicamente desde que comenzó la guerra—, y aseguró que este declaró abiertamente que Irán debe superar el estado de «ni guerra ni paz». Sin embargo, Khamenei ha elevado recientemente a línea dura a funcionarios que favorecen reanudar el conflicto sobre quienes prefieren negociar.

Trump, consultado por periodistas el viernes, fue escueto: «Quisieran hacer un trato, pero no están listos para hacer el trato correcto». Sus dos objetivos declarados son impedir que Irán obtenga un arma nuclear y lograr la reapertura total del Estrecho de Ormuz.

Conviene mirar los incentivos. La fractura entre los líderes civiles iraníes y los halcones del aparato de seguridad no es nueva, pero rara vez se ventila con esta crudeza en los medios estatales. Que Pezeshkian y Ghalibaf hablen de paz en voz alta sugiere que la presión económica ha cruzado un umbral político interno: ya no es posible sostener el relato de resistencia victoriosa frente a una población que sufre inflación y escasez.

Para Washington, el momento es de ventaja negociadora máxima. Las sanciones secundarias anunciadas por Bessent ampliarían el cerco a terceros países, reduciendo aún más el margen de maniobra de Teherán. La historia sugiere cautela: Irán ha llegado al borde del acuerdo antes y ha retrocedido cuando los halcones recuperaron el control. El dato que importa no es el discurso de Pezeshkian, sino qué hace Khamenei la próxima semana.

Más sobre Oriente Medio y África

La edición semanal

El temario completo de la semana

Leer la edición →