Jared Kushner se reunió durante varias horas el lunes con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, en una visita que coincidió con una escalada de violencia de colonos israelíes en Cisjordania y con el estancamiento del proceso de paz en Gaza.
El contexto no es menor. La «hoja de ruta» de 15 puntos que el Consejo de Paz de Trump presentó el mes pasado —y a la que Hamas accedió— contemplaba el desarme gradual del grupo islamista a cambio de la retirada israelí de algunas zonas de Gaza. Netanyahu la rechazó este mes: Israel, dijo, no se retirará hasta que Hamas se haya desarmado por completo. Hamas, por su parte, advirtió a Kushner que la hoja de ruta «no estaba sujeta a cambios» y que Israel debía cumplir primero sus compromisos del alto el fuego, según dos fuentes al tanto de las conversaciones citadas por The New York Times.
Las violaciones del cese al fuego son el nudo del problema. Según un funcionario de Hamas y otras dos personas familiarizadas con las negociaciones, los representantes del grupo presentaron a Kushner una lista de lo que consideran incumplimientos israelíes: ataques aéreos y operaciones militares más allá de la línea de retirada acordada en octubre de 2025, y el bloqueo de combustible y artículos de primera necesidad hacia Gaza. Kushner prometió trasladar esas quejas a Netanyahu.
La reunión de tres horas —en la que también participaron el enviado de Trump Nickolay Mladenov, el exprimer ministro británico Tony Blair y el embajador estadounidense Mike Huckabee— produjo dos resultados concretos, según una fuente citada por Haaretz: un acuerdo para que Israel continúe realizando ataques selectivos en Gaza mientras se avanza en un plan más amplio, y el inicio de trabajos en infraestructura de saneamiento para prevenir enfermedades y contaminación de aguas. Netanyahu describió las conversaciones como «profundas y constructivas» y anunció dos grupos de trabajo: uno sobre desarme y desmilitarización, otro sobre agua potable y salud pública.
El calendario electoral complica cada movimiento. Netanyahu enfrenta elecciones el 27 de octubre y su coalición de derecha aparece abajo en las encuestas. Cualquier concesión visible a Hamas podría costarle el apoyo de aliados que considera vitales, señaló The New York Times. Desde el flanco más duro, el ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben-Gvir condenó los esfuerzos de paz durante el fin de semana y pidió el asesinato «selectivo» de «30 o 40» personas en Gaza cada noche, además de reclamar la emigración masiva de palestinos del enclave. Ben-Gvir también ejerce supervisión parlamentaria sobre la Policía de Israel, institución a la que el ministro de Defensa Israel Katz ordenó asumir las operaciones de seguridad en Cisjordania, incluida la vigilancia de colonos.
En Cisjordania, la presión sobre el terreno lleva ya una semana: desde el 9 de agosto, decenas de colonos israelíes rodean tres viviendas palestinas en la zona de Ras al-Ain, en las afueras de Qusra, aldea ubicada en la Zona B —aproximadamente el 21% de Cisjordania—, al sur de Naplusa.
La Casa Blanca también tiene su propio reloj. Con las elecciones de mitad de mandato en noviembre y el aniversario del alto el fuego a principios de octubre, no cerrar un acuerdo que abra la reconstrucción de Gaza podría resultar «sumamente embarazoso» para la Junta de Paz y para la administración Trump, según The New York Times.
Conviene mirar los incentivos. Netanyahu necesita mostrar firmeza ante su base; Hamas necesita que Israel cumpla antes de desarmar; y Washington necesita un resultado visible antes de que el calendario electoral lo haga irrelevante. Tres lógicas que apuntan en direcciones distintas. El dato importa más que el ruido: lo que se firmó esta semana son grupos de trabajo y cañerías, no un acuerdo político. La historia sugiere cautela ante los comunicados que sustituyen a los compromisos verificables.



