Jared Kushner llegó este domingo a Egipto en una visita no anunciada y se reunió con el presidente Abdelfatah al Sisi en la ciudad mediterránea de Al Alamein. La reunión contó con la presencia del ministro egipcio de Exteriores, Badr Abdelaty, y del jefe de la Dirección General de Inteligencia, Hasan Rashad, según informó el portavoz de la Presidencia egipcia, Mohamed al Shenawy, en un comunicado.
El encuentro se produjo en una jornada de intensa actividad diplomática: horas antes, Rashad había recibido a una delegación del movimiento palestino Hamás encabezada por su líder, Jalil al Haya. El eje de los contactos es el plan de 15 puntos de Trump, una hoja de ruta que Israel ha rechazado.
Egipto ocupa un lugar central en esta geometría negociadora. El Cairo ha actuado históricamente como canal entre Israel y los grupos palestinos, y su inteligencia mantiene líneas abiertas con Hamás que Washington no puede activar de forma directa. La secuencia del domingo —delegación de Hamás primero, Kushner después— sugiere que Egipto está operando como bisagra: recibe posiciones de una parte y las traslada, o al menos las contextualiza, a la otra.
La presencia de Badr Abdelaty y Hasan Rashad junto a Al Sisi en la reunión con Kushner indica que la conversación no fue meramente protocolaria. El canciller y el jefe de inteligencia son los dos funcionarios con mayor conocimiento operativo del expediente Gaza en el aparato estatal egipcio. Su participación simultánea apunta a que se discutieron detalles concretos, no solo marcos generales.
El rechazo israelí al plan de 15 puntos es el dato que más pesa sobre el conjunto del proceso. Sin la adhesión de Israel, cualquier hoja de ruta negociada con Hamás carece del componente indispensable para traducirse en hechos sobre el terreno. Kushner llega a El Cairo, en ese sentido, con una variable crítica sin resolver en el lado israelí.
Conviene mirar los incentivos. Para la administración Trump, un acuerdo en Gaza representaría un activo diplomático de primer orden en una región donde Washington busca consolidar su influencia frente a otros actores. Para Egipto, la estabilidad en su frontera nororiental y el mantenimiento de su rol como mediador indispensable son intereses de Estado que trascienden cualquier gobierno particular. Para Hamás, la disposición a negociar —o a aparentar negociar— tiene su propio cálculo de supervivencia política.
El dato importa más que el ruido. Lo relevante no es la visita en sí, sino si los contactos del domingo producen algún movimiento verificable en la posición israelí o en las condiciones que Hamás está dispuesto a aceptar. Hasta ahora, la diplomacia de los intermediarios ha generado más reuniones que resultados. La historia sugiere cautela ante los comunicados que celebran el proceso sin anunciar el acuerdo.



