El viceministro de Exteriores iraní, Garibabadi, desmintió el martes que el estrecho de Ormuz haya sido desminado, contradiciendo directamente al presidente Donald Trump, quien había afirmado un día antes que la Armada estadounidense había retirado o detonado todas las minas en las aguas internacionales del estrecho.
«La afirmación de Estados Unidos sobre el desminado del estrecho de Ormuz es una estrategia propagandística», declaró Garibabadi en la televisión estatal iraní. El diplomático añadió una pregunta retórica: «Si Estados Unidos ha desminado realmente, ¿por qué siguen sin pasar buques por el estrecho de Ormuz?».
Garibabadi advirtió además que cualquier buque desminador estadounidense que ingresara al estrecho sería un «objetivo muy fácil» para las fuerzas iraníes, elevando el tono de la confrontación verbal.
Trump había escrito en su red Truth Social: «Acabo de ser informado por la Armada de EE. UU. de que todas las minas han sido retiradas y/o detonadas en las aguas internacionales del estrecho de Ormuz». El mandatario advirtió que cualquier embarcación que colocara nuevas minas «será destruida de inmediato y de manera sistemática».
Irán cerró el paso por Ormuz a mediados de julio, tras nuevos bombardeos estadounidenses contra el sur de su territorio. Washington respondió reimponiendo un cerco sobre buques y puertos iraníes. Teherán ha condicionado la reapertura al fin de la guerra en todos los frentes y al levantamiento de ese bloqueo. Adicionalmente, la República Islámica insiste en cobrar tasas por servicios de navegación, seguridad y medio ambiente a los buques que transiten por el estrecho, posición que Estados Unidos rechaza.
En paralelo, Irán y Omán anunciaron el lunes que están cerca de cerrar un acuerdo para establecer un corredor conjunto de tránsito en el estrecho y proceder a su desminado, lo que introduciría a Mascate como mediador en una disputa que hasta ahora se ha dirimido entre Washington y Teherán.
Antes del conflicto, por el estrecho de Ormuz circulaba el 20 % del crudo mundial. Su cierre sostenido representa una perturbación de primer orden para los mercados energéticos globales y para las cadenas de suministro de los países importadores.
Conviene mirar los incentivos. Teherán no tiene razón estratégica para ceder el control de Ormuz sin contrapartidas verificables: el estrecho es su principal palanca de negociación. La disputa sobre si el desminado ocurrió o no importa menos que el hecho de que los buques siguen sin circular, lo cual da la razón práctica a Garibabadi independientemente de la veracidad de cada declaración.
Para la administración Trump, la presión máxima tiene un límite físico: si el petróleo no fluye, los aliados del Golfo y los mercados asiáticos absorben el costo, y ese costo termina por erosionar la coalición de presión. La iniciativa omaní abre una salida diplomática que ninguna de las dos partes ha descartado públicamente. El dato importa más que el ruido: mientras Ormuz permanezca cerrado, el precio del crudo y la credibilidad de ambas capitales seguirán en juego.



