El viceministro iraní de Exteriores para Asuntos Jurídicos e Internacionales, Gharibabadi, respondió este sábado con dureza a las declaraciones del presidente Donald Trump, quien había sugerido que podría declarar próximamente el estrecho de Ormuz territorio estadounidense «tras derrotar a Irán».
En un mensaje publicado en X, Gharibabadi afirmó que el estrecho «no se puede conquistar con un tuit ni con portaaviones, ni mediante la emisión de una orden ni con un discurso electoral». El diplomático añadió que Irán «no se amedrenta ante las amenazas ni se deja intimidar por demostraciones de fuerza» y sostuvo que el estrecho «ha sido, es y seguirá siendo iraní».
La advertencia fue directa: «Este estrecho solo se cerrará y se abrirá bajo las órdenes de Irán y, mientras no acepten la realidad de su derrota y dejen de hacer afirmaciones delirantes, Irán continuará imponiendo el bloqueo», señaló Gharibabadi.
El estrecho de Ormuz, situado entre Irán y Omán, es una de las principales rutas marítimas para el transporte mundial de petróleo y gas. Su control efectivo lo convierte en una palanca de presión de primer orden sobre los mercados energéticos globales, lo que explica la intensidad del intercambio verbal entre Washington y Teherán.
En paralelo, Irán y Omán mantienen conversaciones sobre la gestión compartida del estrecho y el establecimiento de una nueva ruta de navegación. El ministro iraní de Exteriores, Araqchí, indicó el viernes que esas discusiones «podrían concluir pronto» y aclaró que están «completamente separadas» de las negociaciones con Washington.
Sobre estas últimas, Araqchí fue categórico: «No se ha tomado ninguna decisión todavía para reanudar las negociaciones con Estados Unidos». Los países mediadores, Catar y Pakistán, «están intercambiando mensajes y mantienen contacto» con ambas partes, pero el proceso lleva estancado desde la última escalada entre las partes en julio.
El dato importa más que el ruido. La retórica de Teherán no es nueva, pero el contexto sí ha cambiado: Irán negocia simultáneamente con Omán un arreglo bilateral sobre el estrecho, lo que sugiere que busca consolidar una posición jurídica y operativa antes de que cualquier acuerdo con Washington sea posible. Esa secuencia no es casual.
Conviene mirar los incentivos. Para la administración Trump, la declaración de Ormuz como territorio estadounidense —si llegara a formalizarse— tendría un costo diplomático enorme y una viabilidad jurídica cuestionable bajo el derecho internacional del mar. Para Irán, mantener el bloqueo y la ambigüedad sobre el estrecho es su principal carta de negociación. Mientras Washington eleva la apuesta retórica y Teherán la responde con igual intensidad, los mercados energéticos globales absorben la incertidumbre. La historia sugiere cautela: en este corredor, las palabras mueven precios antes de que se dispare un solo misil.



