Los rebeldes hutíes de Yemen anunciaron este martes el ataque con varios drones contra la refinería de Aramco en la región de Jizán, en el extremo suroeste de Arabia Saudí, fronteriza con Yemen. La agencia oficial Saba, controlada por los insurgentes, citó a una fuente militar no identificada que describió la acción como «precisa» y la justificó como «respuesta a la violación del espacio aéreo yemení sobre las provincias de Saada y Hayah».
Ni el Gobierno saudí ni Aramco habían reaccionado a la información al momento de la publicación de esta nota.
El ataque no es un hecho aislado. Hace cuatro días, los hutíes reivindicaron una acción similar contra una instalación de la petrolera en Najrán, también en el suroeste de Arabia Saudí. La escalada se remonta a finales del mes pasado, cuando los rebeldes anunciaron un bloqueo marítimo contra la navegación saudí en el mar Rojo, alegando represalia por restricciones impuestas en zonas bajo su control.
Desde entonces, los hutíes han lanzado ataques con misiles y drones contra buques mercantes en el mar Rojo y contra territorio saudí, incluidas instalaciones petroleras. Riad respondió a través de la coalición que lidera con ataques a zonas controladas por los rebeldes y anunció una coalición marítima multinacional para proteger la navegación en el mar Rojo y el estrecho de Bab al Mandeb.
El conflicto de fondo no es nuevo. Arabia Saudí intervino militarmente en Yemen en 2015 en apoyo del Gobierno reconocido internacionalmente, después de que los hutíes tomaran el control de la capital Saná y se expandieran por gran parte del norte del país.
Lo que está en juego
Conviene mirar los incentivos. Aramco no es solo la mayor petrolera del mundo por capitalización: es el motor fiscal del Estado saudí y una pieza central del orden energético global. Cada ataque exitoso contra sus instalaciones envía una señal a los mercados sobre la fragilidad de la oferta en una región que concentra una porción decisiva de las reservas mundiales de crudo.
El dato importa más que el ruido. La apertura de un frente marítimo en el mar Rojo y el estrecho de Bab al Mandeb —una de las arterias comerciales más transitadas del planeta— eleva el costo del seguro para el transporte marítimo y presiona los precios del petróleo con independencia de lo que decida la OPEP. La historia sugiere cautela: cada vez que actores no estatales han logrado sostener una campaña de hostigamiento sobre infraestructura energética crítica, el impacto sobre la economía global ha sido desproporcionado respecto al tamaño militar del agresor. La comunidad internacional tiene razones de peso para que la coalición marítima anunciada por Riad funcione; el costo de que fracase lo pagarán consumidores y empresas mucho más allá de la península arábiga.



