El Centro Nacional de Previsión del Medio Marino de China alertó este martes de que el fenómeno de El Niño en desarrollo podría alcanzar intensidad «extrema», con un pico cercano a 3,5 grados por encima de lo habitual en las aguas del Pacífico ecuatorial central y oriental. La cifra supera las estimaciones manejadas en junio y sitúa al episodio actual por encima, en este punto del ciclo, de los extremos de 1997-1998 y 2015-2016, según Tan Jing, ingeniero del centro citado por la agencia Xinhua.
El Niño entró oficialmente en fase activa en mayo y desde entonces se ha desarrollado con rapidez inusual. La advertencia china coincide con los pronósticos de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), que la semana pasada situó en el 69% la probabilidad de que el episodio sea el más fuerte desde que existen registros.
Lluvias desiguales y mares más calientes
Para China, Tan prevé durante el verano y el otoño más precipitaciones en el norte, el noreste y las zonas al sur del delta del río Yangtsé, mientras el curso medio del mismo río podría registrar menos lluvia. Los efectos se prolongarán hasta el próximo año; en particular, las lluvias en la cuenca del Yangtsé podrían ser anormalmente abundantes en el verano de 2027, lo que, según el experto, podría provocar una «grave situación de control de inundaciones».
En el ámbito marino, el calentamiento elevaría la temperatura en el mar de Bohai, el mar Amarillo, el norte del mar de China Oriental y el norte del mar de China Meridional. El riesgo de olas de calor marinas podría «afectar a la acuicultura» y agravar el blanqueamiento de corales, dos sectores con peso directo en la seguridad alimentaria y en los ingresos de comunidades costeras.
Respecto a los tifones, el fenómeno podría reducir su número en el Pacífico noroccidental y el mar de China Meridional, pero los que se formen tenderían a originarse más al este y al sur y a alcanzar «mayor intensidad», con riesgo de oleaje y marejadas. La advertencia llega tras un verano ya marcado por tifones, lluvias torrenciales, riadas y deslizamientos que han dejado decenas de muertos y evacuaciones preventivas de cientos de miles de personas.
Lo que está en juego más allá del clima
Conviene mirar los incentivos. El Niño no es solo un fenómeno meteorológico: es un multiplicador de riesgos económicos. La acuicultura china, la infraestructura portuaria y las rutas de navegación en los mares adyacentes operan bajo supuestos de variabilidad climática que un episodio de esta magnitud puede invalidar. Los costos de adaptación —diques, seguros, reubicación de cultivos marinos— recaerán en parte sobre el erario y en parte sobre productores privados que difícilmente podrán absorberlos sin señales de precio adecuadas.
El dato importa más que el ruido. Que tanto Pekín como la NOAA converjan en la misma lectura de riesgo sugiere que la señal es robusta. Para los gobiernos de la región —y para los operadores logísticos que dependen del corredor marítimo del Pacífico noroccidental— la pregunta ya no es si el episodio será severo, sino cuánto costará no haberlo anticipado con suficiente antelación.



