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El ataque de Ossoff a Harp: sexismo disfrazado de crítica a Trump

El senador demócrata por Georgia insinuó una relación impropia entre el presidente y su asistente ejecutiva; la maniobra le costó críticas incluso dentro de su propio partido.
Líderesjueves 20 de agosto de 2026

Jon Ossoff, senador demócrata por Georgia, lanzó el domingo un comentario en un mitin en Atlanta que desató una semana de controversia. Ante una sala repleta, afirmó que Trump «no quiere hacer el trabajo; quiere construir su salón de baile y viajar con Natalie», en referencia a Natalie Harp, asistente ejecutiva del presidente y responsable de sus publicaciones en redes sociales.

El uso del nombre de pila de Harp fue leído de inmediato como una insinuación de familiaridad indebida. Medios como CNN amplificaron el señalamiento, aunque ninguna fuente documentó evidencia de una relación impropia. El propio hermano de Harp, Preston, de 38 años, entrevistado por CNN, descartó cualquier vínculo romántico entre la asistente y el presidente de 80 años.

Harp, de 35 años, llegó a la órbita de Trump tras superar un cáncer óseo debilitante que la confinó en silla de ruedas durante su veintena. Atribuye su recuperación al acceso a medicamentos experimentales que Trump habilitó durante su primer mandato. Habló en la Convención Nacional Republicana de 2020 mientras era presentadora en One America News Network, y desde entonces ha trabajado junto al presidente de manera continua.

La reacción al comentario de Ossoff fue rápida y transversal. David Axelrod, figura prominente del Partido Demócrata, calificó las palabras del senador de «gratuitas e innecesarias». Una serie de figuras republicanas salió en defensa de Harp durante la semana. La propia Harp, que no concede entrevistas, transmitió a su entorno que permanece «enfocada, en misión, 24/7», según personas cercanas citadas en la fuente.

Sarah Matthews, exsubsecretaria de prensa de Trump reconvertida en apoyo de Kamala Harris, afirmó ante CNN que el Servicio Secreto estaba «alarmado» por la cercanía de Harp con el presidente. Sin embargo, Matthews dejó la Casa Blanca antes de que Harp comenzara a trabajar para Trump, lo que pone en entredicho la base de su afirmación.

Trump respondió apodando a Ossoff «Pee Wee Herman», en alusión al actor Paul Reubens, cuya carrera se vio truncada por cargos de exposición indecente y, posteriormente, por su arresto relacionado con presunta pornografía infantil.

El episodio revela la estrategia de Ossoff de cara a 2028, ciclo en el que se le atribuyen ambiciones nacionales. Apostar por la insinuación personal como arma política contra Trump es un cálculo de alto riesgo: cuando el blanco es una mujer que venció al cáncer y trabaja sin dar entrevistas, el costo reputacional puede superar el beneficio de movilizar a la base.

Conviene mirar los incentivos. Ossoff necesita diferenciarse en un campo demócrata abarrotado; el escándalo personal genera cobertura que la política legislativa rara vez produce. Pero el tiro salió por la culata: en lugar de dañar a Trump, el senador quedó expuesto como alguien dispuesto a insinuar que una profesional soltera solo puede prosperar por favores del jefe. Ese es, precisamente, el tipo de sexismo que su partido dice combatir. El dato importa más que el ruido: cuando hasta Axelrod marca distancia, la jugada no fue táctica, fue un error.

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