Un destructor de misiles guiados de la Armada de Estados Unidos pasó cuatro días sin energía en el Mar del Sur de China el mes pasado, tras una avería en sus generadores, y tuvo que ser remolcado hasta la base de Subic Bay, en Filipinas, para su reparación.
El USS Benfold perdió energía el 24 de julio y fue remolcado el 28 del mismo mes. Dos días después, la energía fue restablecida, según informó la 7.ª Flota de Estados Unidos. El comandante Matthew Comer, portavoz de esa flota, confirmó a Fox News Digital que el buque reportó «una avería de ingeniería en sus generadores, causando una pérdida de energía», y precisó que no hubo heridos entre la tripulación.
La interrupción afectó los servicios de cocina, los sanitarios, el aire acondicionado y el suministro de agua potable a bordo del buque de casi 10.000 toneladas. El crucero de misiles guiados USS Robert Smalls asumió el suministro de comidas para la tripulación mientras el grupo de ataque apoyaba al destructor durante la emergencia.
El Benfold es un destructor clase Arleigh Burke y operaba en ese momento junto al Grupo de Ataque del portaaviones USS George Washington. La Armada no ha detallado públicamente si la avería afectó la propulsión, la navegación, las comunicaciones, los sensores, los sistemas de armas o la energía de emergencia del buque, datos que definirán el alcance operativo real del incidente mientras la institución investiga sus causas.
El episodio ocurrió en el Mar del Sur de China, una vía marítima de importancia estratégica donde la Armada estadounidense opera habitualmente junto a aliados y socios, y donde China mantiene reclamaciones territoriales de amplio alcance. La Armada ha descrito sus misiones regionales como parte de su compromiso con un Indo-Pacífico libre y abierto.
El incidente se suma a un cuadro de tensión operativa más amplio. El capitán retirado Brent Sadler ha advertido que la Armada de Estados Unidos está «demasiado extendida» para contrarrestar adecuadamente las amenazas globales de adversarios como China e Irán, y señala el despliegue de 250 días del USS Abraham Lincoln como síntoma de una flota en contracción. Sadler ha instado al gobierno a construir más buques para recuperar el estándar tradicional de despliegues de seis meses.
Conviene mirar los incentivos. Una flota que opera por encima de su capacidad sostenible no es solo un problema logístico: es una señal que Beijing sabe leer. El Mar del Sur de China es precisamente el escenario donde China presiona sus reclamaciones con mayor consistencia, y un destructor inmovilizado durante cuatro días en esas aguas —dependiente del apoyo de su propio grupo de ataque— ilustra con precisión la brecha entre las ambiciones estratégicas de Washington y los recursos materiales disponibles.
El dato importa más que el ruido. No se trata de un accidente aislado, sino de un indicador del estado de una armada que debe cubrir simultáneamente el Indo-Pacífico, el Mediterráneo y el Golfo Pérsico con una flota que, según sus propios oficiales retirados, necesita crecer. La pregunta que el Congreso debería responder no es si el Benfold falló, sino cuántos buques más están operando al límite antes de que el siguiente incidente ocurra en un momento menos oportuno.



