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Oriente Medio y África

Déficit de 15 millones de litros diarios: la ofensiva financiera de Washington asfixia el suministro de gasolina en Irán

Las restricciones estadounidenses al comercio iraní, combinadas con los daños de guerra a la infraestructura energética, han llevado a filas en las gasolineras de Teherán y obligan al régimen a elegir entre racionar o subir precios. Cualquiera de las dos opciones amenaza con encender la calle.
Foto: infobae.com
Oriente Medio y Áfricamartes 25 de agosto de 2026

Las gasolineras de Teherán registraron largas filas el fin de semana después de que el periódico estatal Hamshahri informara sobre el temor a aumentos de precios. Muchos conductores llenaban sus tanques antes de que estuvieran a la mitad. La imagen resume la presión acumulada sobre una economía que ya cargaba con inflación galopante y una crisis monetaria creciente.

El déficit es cuantificable: Esmaeil Saqab Esfahani, director de la Organización de Optimización Energética y Gestión Estratégica, reconoció la semana pasada un faltante diario de 14 a 15 millones de litros, atribuido a la demanda récord, los daños sufridos durante la guerra y los cambios en las prioridades del presupuesto nacional. «Tenemos que hacer algo para reducir el consumo a los niveles de producción nacional», declaró según la agencia semioficial de estudiantes iraníes.

El contexto geopolítico es inseparable del dato energético. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, describió el lunes la campaña en curso como «la mayor ofensiva financiera jamás orquestada contra un adversario». El bloqueo estadounidense a los puertos iraníes ha impedido las importaciones de las que Irán normalmente depende para compensar la escasez, mientras que ataques israelíes y estadounidenses contra depósitos de combustible y otras instalaciones energéticas han agravado un desequilibrio de larga data entre oferta y demanda.

El gobierno del presidente Masoud Pezeshkian lleva meses intentando preparar a la población. Ya en mayo instó a los ciudadanos a utilizar el transporte público y planteó la posibilidad de racionar el combustible. Las advertencias no surtieron efecto visible. Ahora las autoridades estudian tres opciones: distribuir una cantidad fija de 121 millones de litros diarios a las gasolineras y «apagar» los surtidores al agotarse la reserva; continuar las ventas por encima de ese nivel a un precio más alto; o asignar cuotas a particulares en lugar de a vehículos.

El sistema de cuotas vigente ya es escalonado: los primeros 60 litros cuestan 15.000 riales por litro, los siguientes 50 litros salen a 30.000 riales y cada litro adicional a 50.000 riales. La semana pasada, el gobierno abandonó abruptamente un programa piloto en Kerman que habría aplicado un precio de 872.000 riales por litro para las compras que superaran la cuota. Las autoridades atribuyeron el fracaso a una mala gestión, pero el experimento generó alarma generalizada y avivó el temor a aumentos nacionales.

La historia reciente impone cautela al régimen. En 2019, los intentos de aumentar los precios de la gasolina desencadenaron protestas en las que, según la fuente, cientos de iraníes fueron asesinados por las fuerzas de seguridad. El presidente del Parlamento y principal negociador en la guerra, Mohammad Bagher Ghalibaf, afirmó la semana pasada que Estados Unidos e Israel planeaban aprovechar cualquier aumento de precios como parte de sus operaciones contra la República Islámica.

Conviene mirar los incentivos. La presión sobre el combustible no es un efecto colateral menor de la estrategia de Washington: es, según la propia descripción de Bessent, el núcleo de una ofensiva financiera sin precedentes. El régimen de Teherán enfrenta una disyuntiva sin salida elegante: mantener subsidios que ya no puede financiar o subir precios que históricamente encienden la calle. La Refinería Estrella del Golfo Pérsico recurre al metanol para elevar producción, y el gobierno intenta reconvertir los aproximadamente 4,5 millones de vehículos de combustible dual al gas natural comprimido, pero ninguna medida cubre el déficit en el corto plazo.

El dato importa más que el ruido. Lo que ocurre en las gasolineras de Teherán es el termómetro más directo de hasta dónde puede sostener el aparato estatal iraní su modelo de subsidios mientras la presión exterior se intensifica. La respuesta que elija el régimen —racionamiento, precio o cuota— definirá tanto la estabilidad interna como el margen de maniobra diplomático en los próximos meses.

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