Un terremoto de magnitud 7,7 sacudió el este de Indonesia el sábado, dejando 68 muertos y más de 100 heridos según el último balance de las autoridades. La agencia nacional de desastres BNPB elevó este lunes a 12.800 el número de desplazados en varias localidades de la isla de Flores, según declaró a la AFP Berton Suar Pelita Panjaitan, portavoz del organismo.
La agencia geológica BMKG registró 1.600 réplicas tras el sismo principal, lo que mantiene a miles de habitantes durmiendo a la intemperie por segunda noche consecutiva. «Cada vez que se mueve, aunque solo sea un poco, entramos en pánico», declaró a la AFP Muhamad Yasin, un evacuado que pernocta en un campamento improvisado.
Al menos 914 viviendas sufrieron daños graves, según confirmó el portavoz Berton. Cientos de residentes de la localidad de Mbay, cercana al epicentro, levantaron carpas con lonas y varas frente a escuelas, estaciones policiales y oficinas del gobierno. «Nuestras casas ya no son habitables porque muchas han colapsado, están agrietadas y no podemos entrar», señaló Junaidin, residente de 32 años que dormía junto a unas 30 personas en una tienda improvisada.
La queja más extendida entre los sobrevivientes apunta directamente al aparato estatal. «En cuanto a la ayuda del gobierno, no ha habido ninguna, ni tiendas, ni medicinas, ni comida ni agua potable, nada», afirmó Junaidin. Siti Sauda Daso, de 31 años y madre de tres hijos, resumió la frustración colectiva: «Nos dijeron que nos darían algo, pero no hay pruebas. Honestamente, estamos un poco molestos, decepcionados».
La demora coincidió con la celebración del Día de la Independencia de Indonesia en la capital Yakarta. La fuerza aérea informó que trasladará 13 toneladas de ayuda de emergencia en aviones y movilizará helicópteros para alcanzar comunidades aisladas, según la agencia estatal Antara. Los equipos de búsqueda y rescate continúan en la zona, confirmó a la AFP Fathur Rahman, responsable de esos servicios.
Indonesia se asienta sobre el «Cinturón de Fuego» del Pacífico, una de las zonas de mayor actividad sísmica del planeta. Entre sus peores catástrofes figura el terremoto de magnitud 9,1 frente a Sumatra que en 2004 desencadenó un tsunami con cerca de 220.000 muertos en varios países, aproximadamente 170.000 de ellos en Indonesia.
Conviene mirar los incentivos. Cuando el Estado concentra la respuesta a emergencias en un organismo centralizado —la BNPB— y la logística depende de una cadena de mando que celebra actos oficiales en la capital mientras Flores aguarda carpas y agua potable, el resultado es predecible: los más vulnerables absorben el costo de la burocracia. La historia de los desastres naturales en economías con instituciones débiles muestra que la ayuda privada y la descentralización operativa llegan antes y con menos fricción que los canales gubernamentales. El dato importa más que el ruido: cuatro días después del sismo, 12.800 personas siguen sin techo y sin suministros básicos. Esa cifra es también un diagnóstico institucional.



