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Washington fija 2028 como fecha límite para una computadora cuántica científicamente útil

El Departamento de Energía lanza la iniciativa Quantum Genesis con una competencia nacional y planes para un supercentro cuántico. El plazo es el más corto entre las tres grandes potencias que corren esta carrera.
Foto: newscientist.com
Ciencia y tecnologíasábado 4 de julio de 2026

El Departamento de Energía de Estados Unidos (DoE) apunta a 2028 como el año en que las computadoras cuánticas deberán ser suficientemente potentes para contribuir a problemas abiertos en química, ciencia de materiales, física de plasma y física de alta energía. El vehículo es la iniciativa Quantum Genesis, que incluye una competencia entre empresas y la construcción de un centro nacional de supercomputación cuántica, enmarcado a su vez en la misión más amplia Genesis Mission.

El dato importa más que el ruido: las computadoras cuánticas existen, pero aún no han demostrado utilidad inequívoca ni valor comercial amplio. Su poder computacional depende del número de componentes —llamados qubits— y de su fiabilidad. Los dispositivos actuales siguen siendo demasiado pequeños y demasiado propensos a errores.

Darío Gil, subsecretario de Ciencia del DoE, expuso las razones de su confianza. «Tengo mucha confianza en que los bloques de construcción existen… no necesitamos un avance masivo», declaró, citando la mejora en la fabricación de qubits individuales, lo que calificó como un progreso fenomenal en los algoritmos que las computadoras cuánticas usan para detectar y corregir sus propios errores, y el papel que la inteligencia artificial puede desempeñar para optimizar el control de estos sistemas. Gil reconoció, no obstante, que el salto desde los dispositivos actuales a máquinas cientos o miles de veces más grandes exigirá «lidiar con la complejidad que implica pasar de un dispositivo a un chip y luego a un sistema».

El anuncio llega tras la firma por parte del presidente Donald Trump de dos órdenes ejecutivas sobre tecnología cuántica y una inversión de 2.000 millones de dólares en varias empresas del sector proveniente del Departamento de Comercio. Conviene mirar los incentivos: algunas tecnologías cuánticas mencionadas en esas órdenes, como los sensores cuánticos, ya alcanzaron viabilidad comercial. La computación cuántica enfrenta desafíos comparativamente mayores, entre ellos cadenas de suministro aún frágiles por la naturaleza exótica de muchos componentes, según Paul Stimers, de la Quantum Industry Coalition.

La valoración externa es cautelosa pero no descartadora. Juliette Peyronnet, de la empresa de computación cuántica Alice & Bob, calificó el plazo como «bastante ambicioso, pero no imposible». Stimers añadió que varias firmas del sector ya habían anunciado planes para entregar una computadora cuántica científicamente útil y libre de errores en 2028 o en torno a esa fecha.

El contexto geopolítico es relevante. El Reino Unido aspira a adquirir computadoras cuánticas a gran escala después de 2030 mediante el programa ProQure. China, por su parte, ha situado la computación cuántica —junto con la inteligencia artificial— en el centro de su próxima estrategia nacional de desarrollo quinquenal. La fuente señala que el plazo de 2028 es el más corto de los tres. «Es agresivo», admitió el propio Gil.

La historia sugiere cautela ante los calendarios tecnológicos fijados por gobiernos. Pero el orden de incentivos ha cambiado: la computación cuántica es también una potencial máquina para romper cifrados, lo que convierte el rezago en un riesgo de seguridad nacional, no solo en una oportunidad científica perdida. Esa presión estratégica, más que el entusiasmo de laboratorio, explica por qué Washington ha decidido poner fecha en el calendario.

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