La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) cerró el 19 de agosto una jornada extraordinaria de admisión presencial que reunió a más de 36 mil aspirantes en cuatro sedes de la Ciudad de México, según el corte realizado a las 17:30 horas. Las clases para los seleccionados comenzarán el lunes 31 de agosto, y los resultados se publicarán en el último fin de semana de agosto.
El proceso no fue rutinario. El rector Leonardo Lomelí confirmó en rueda de prensa que la UNAM optó por repetir el concurso de selección de manera presencial después de detectar irregularidades y resultados atípicos en el examen en línea original, atribuidos al uso de inteligencia artificial. La crisis obligó a convocar una evaluación de emergencia que, pese a su carácter extraordinario, no estuvo exenta de incidentes: se identificaron 22 casos de presunta trampa en el Palacio de los Deportes, sede donde se concentraron más de 30 mil personas.
De acuerdo con estimaciones compartidas por el rector, aproximadamente la mitad de los participantes obtendrá un lugar en la licenciatura. Lomelí recomendó a quienes no logren ingresar explorar maestrías, especializaciones o cursos de educación continua dentro de la misma institución.
En paralelo al operativo de admisión, el rector planteó una demanda presupuestal concreta: un incremento en el financiamiento de la UNAM de un punto porcentual por encima de la inflación prevista, con el argumento de fortalecer infraestructura e investigación científica. Descartó de forma categórica cualquier aumento en las cuotas universitarias, recordando que la gratuidad de la educación pública está garantizada por la Constitución. También señaló que la cobertura actual de educación superior no satisface la demanda existente en México y propuso un trabajo conjunto entre instituciones y el gobierno federal, además de orientación vocacional hacia carreras con menor demanda.
A principios de septiembre, la Comisión Técnica de Personas Expertas para la Revisión del Proceso de Ingreso emitirá un informe con recomendaciones para el ciclo 2026-2027/1. Entre los temas a analizar figuran la actualización del examen, la incorporación de tecnología y la pertinencia de mantener evaluaciones presenciales.
Lo que el episodio revela va más allá del calendario académico. La UNAM, institución que recibe financiamiento público masivo, tuvo que anular un proceso digital por no haber anticipado el riesgo evidente del uso de inteligencia artificial en exámenes en línea. El costo —logístico, reputacional y económico— de organizar una evaluación presencial de emergencia para más de 36 mil personas recae, en última instancia, sobre el contribuyente mexicano. Que la respuesta institucional haya sido eficaz no exime la pregunta sobre por qué no existían controles suficientes desde el inicio.
Conviene mirar los incentivos. El rector aprovecha la coyuntura para reclamar más presupuesto y blindar la gratuidad absoluta frente a cualquier esquema de cuotas diferenciadas. Es una postura políticamente cómoda, pero esquiva el debate de fondo: una institución que no puede garantizar la integridad de su propio proceso de admisión digital difícilmente justifica un aumento automático de recursos sin rendir cuentas sobre la gestión de los existentes. El dato importa más que el ruido: 22 trampas detectadas en una sola sede sugieren que la vigilancia presencial tampoco es infalible. La reforma del proceso de ingreso, si es seria, tendrá que ir más allá de cambiar el soporte tecnológico.



