Edición Globaljueves 27 de agosto de 2026 El mundo en breveLa edición semanal
Continente ORDEN Y PERSPECTIVA GLOBAL.
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacionalNegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
Secciones y más
El mundo
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacional
Negocios, ciencia y cultura
NegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
El medio
El mundo en breveLa edición semanal BoletinesAcerca
Europa

Ucrania sanciona a «Masha y el Oso» para cortar los ingresos culturales de Moscú

Kiev impuso medidas restrictivas contra los productores y distribuidores de la serie rusa y pidió a las plataformas internacionales que bloqueen su monetización. El Kremlin lo llamó una «guerra contra los dibujos animados».
Foto: elnacional.com
Europaviernes 21 de agosto de 2026

El gobierno ucraniano anunció sanciones contra los creadores y distribuidores de Masha y el Oso, la serie de animación infantil producida por el estudio ruso Animaccord desde 2009. El decreto, publicado el jueves por la noche por la presidencia ucraniana, sostiene que la serie transmite narrativas prorrusas disfrazadas de contenido infantil y genera ingresos fiscales para Rusia.

La ministra de Cultura ucraniana, Tetiana Berejna, fue directa: «La propaganda rusa no tiene cabida en las pantallas de los niños, ni en Ucrania ni en ningún otro lugar del mundo». Según ella, las sanciones crean una base legal para bloquear el contenido dentro de Ucrania y para solicitar a las plataformas internacionales que restrinjan su monetización y difusión.

La posición de Kiev descansa en un argumento simbólico y económico a la vez. El oso pardo es un símbolo utilizado con frecuencia para representar a Rusia, y el gobierno considera que la serie proyecta una imagen positiva del país entre audiencias infantiles de todo el mundo. La serie se emite en cadenas de televisión globales y está disponible en YouTube, lo que amplifica su alcance más allá de cualquier frontera.

El conflicto con las plataformas no es nuevo. A finales de junio, Ucrania ya había protestado por la compra que realizó Netflix de los derechos de dos nuevas temporadas y la ampliación de su licencia para la serie. Las sanciones ahora formalizan esa presión diplomática en un instrumento legal.

Desde Moscú, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, respondió con ironía: «Ucrania declaró la guerra a los dibujos animados». Peskov añadió que Masha y el Oso «conquistaron el mundo entero y sólo promueven las mejores cualidades humanas».

El movimiento se inscribe en una estrategia más amplia. Ucrania, que combate la invasión rusa a gran escala desde 2022, ha buscado limitar la influencia cultural de Rusia promoviendo su exclusión del deporte, el cine y el arte. Los ucranianos se alejaron de películas, series, libros y músicas rusas que hasta entonces ejercían una influencia considerable en el país.

Conviene mirar los incentivos. La disputa sobre una serie infantil ilustra con precisión la naturaleza total del conflicto entre Rusia y Ucrania: no se libra únicamente en trincheras, sino también en algoritmos, licencias y pantallas de streaming. Kiev apunta a la fuente de financiamiento —los ingresos que plataformas globales transfieren a productores rusos— con la misma lógica con que Occidente diseñó las sanciones económicas: privar al adversario de recursos.

El dato importa más que el ruido. Que una animación infantil llegue a ser objeto de decreto presidencial revela hasta qué punto el poder blando sigue siendo un campo de batalla real. Las plataformas internacionales, atrapadas entre contratos comerciales y presión diplomática, deberán decidir si la rentabilidad de una licencia vale el costo reputacional de ignorar el pedido de un país en guerra. La historia sugiere cautela: las empresas que tardaron en reaccionar ante las primeras sanciones de 2022 pagaron un precio político considerable.

Más sobre Europa

La edición semanal

El temario completo de la semana

Leer la edición →