Sinaloa concretó su primer embarque de exportación de un millón 200 mil toneladas de sorgo rojo hacia la República Popular de China. El acuerdo se formalizó durante una reunión con representantes de la compañía Sichuan Yourong Group, con sede en la ciudad de Chengdu.
El grano será utilizado como materia prima para la producción de licor denominado «baijiu», una bebida destilada de alta demanda en el mercado chino. La gobernadora interina, Bonilla Valverde, señaló que el contrato abre «la expectativa de una reconversión productiva en los campos de cultivo» y que las siembras de este sorgo pueden beneficiar a diez mil productores locales que tengan intención de entrar al esquema de siembras y ventas al extranjero.
Bonilla Valverde precisó además que ha instruido a funcionarios de su gabinete buscar alternativas de venta para otros cultivos, con este primer contrato como plataforma. Las autoridades estatales, según declaró, darán acompañamiento a organismos y agricultores que deseen incorporarse a mercados internacionales «en un esquema de certeza en sus ventas».
El anuncio llega en un momento en que Sinaloa atraviesa una coyuntura de seguridad y económica compleja. La entidad, golpeada por la violencia del crimen organizado en los últimos años, busca en la diversificación agrícola una vía de estabilización para sus zonas rurales. El sorgo rojo, cultivo de menor valor agregado que el maíz o el trigo, representa una opción accesible para productores medianos y pequeños que buscan certidumbre de compra.
El dato importa más que el ruido. Un contrato de exportación con un solo grupo empresarial chino no equivale a un mercado consolidado. Sichuan Yourong Group es el único comprador identificado en las fuentes, lo que concentra el riesgo en una sola contraparte. La historia del agro mexicano registra episodios en que acuerdos de este tipo no se traducen en cadenas de valor sostenibles para el productor local, sino en dependencia de precios fijados externamente.
Conviene mirar los incentivos. El gobierno estatal presenta el acuerdo como logro de gestión pública, pero el mérito real recaerá en los agricultores privados que asuman el riesgo de reconvertir sus siembras. La «certeza en las ventas» que promete el acompañamiento oficial depende, en última instancia, de que el contrato con la empresa china se mantenga y escale, no de decreto alguno. La libre empresa genera el valor; el aparato estatal, en el mejor de los casos, facilita el acceso.
Para Sinaloa, la apertura de un canal de exportación directo a China es una señal positiva en medio de un entorno adverso. Pero la consolidación de ese canal exigirá certeza jurídica, infraestructura logística y, sobre todo, que el Estado no se convierta en intermediario que encarezca o politice lo que debería ser una relación comercial directa entre productores mexicanos y compradores internacionales.



