Las elecciones para gobernador de Sinaloa están fijadas para el 6 de junio de 2027, organizadas por el Instituto Nacional Electoral. Morena ya abrió su carrera interna: el registro de aspirantes a la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional cerró el 27 de junio y arrojó 13 perfiles inscritos.
Entre los nombres que compiten aparecen legisladores, alcaldes, exfuncionarios y figuras con trayectoria dentro de la llamada Cuarta Transformación. La fuente menciona a Imelda Castro, Graciela Domínguez y Estrella Palacios como parte de ese grupo, junto con otros aspirantes que se incorporaron al proceso en el último momento.
El mecanismo de selección avanza por etapas. Este mes, Morena aplica una encuesta telefónica entre la ciudadanía para evaluar el posicionamiento de los perfiles y elegir a seis finalistas. Durante la primera semana de septiembre se designará formalmente a la persona titular de la Coordinación de la Cuarta Transformación en el estado.
El proceso ocurre en un momento políticamente complicado para el partido. El gobernador Rocha Moya regresó temporalmente al Gobierno estatal tras más de tres meses de licencia, sin el respaldo de la dirigencia nacional de Morena ni de la presidenta Sheinbaum. El regreso provocó un deslinde explícito tanto de Morena como de Sheinbaum. Rocha finalmente volvió a separarse del cargo apenas unas horas después, en medio de la presión política.
Ese episodio pesa sobre el arranque de la contienda interna. El partido debe construir una candidatura competitiva en una entidad donde la figura del gobernador en funciones —o en licencia— suele ser el eje articulador de la maquinaria electoral, y donde ese eje mostró, en semanas recientes, una fractura visible con la cúpula nacional.
Conviene mirar los incentivos. El proceso de encuesta y selección que Morena ha diseñado concentra la decisión en el aparato central del partido, no en una primaria abierta. Los 13 aspirantes compiten, en la práctica, por posicionarse bien ante un instrumento de medición que el propio partido controla y que reducirá el campo a seis nombres antes de que termine el verano.
Para la libre empresa y los ciudadanos de Sinaloa, el dato relevante no es quién encabeza las preferencias hoy, sino qué margen de autonomía tendrá el candidato que emerja respecto a una presidenta que ya marcó distancia del gobernador saliente. Un proceso de selección que premia la lealtad al centro antes que el arraigo local rara vez produce liderazgos con capacidad real de gestión. La historia sugiere cautela: las entidades que más han avanzado en seguridad y en clima de inversión son aquellas donde el ejecutivo estatal tiene peso propio, no donde opera como correa de transmisión de la capital. Sinaloa, con sus desafíos estructurales de orden público, necesita exactamente lo contrario de lo que este episodio político sugiere que obtendrá.



