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Retirada táctica, presencia permanente: el modelo AFRICOM en Nigeria

Washington retiró la mayor parte de sus fuerzas desplegadas en Nigeria tras eliminar al segundo al mando global del Estado Islámico, pero mantiene apoyo de inteligencia a petición de Abuja. El jefe del Mando África lo presenta como plantilla para la cooperación continental.
Foto: defensenews.com
Líderesviernes 3 de julio de 2026

El dato importa más que el ruido. Cuando el general Dagvin Anderson, comandante del Mando África de Estados Unidos (AFRICOM), describió ante 35 jefes militares africanos reunidos en Luanda la operación conjunta de mayo en Nigeria, no lo hizo como un episodio cerrado sino como un prototipo.

En mayo, fuerzas estadounidenses y nigerianas condujeron operaciones militares en el noreste de Nigeria que resultaron en la muerte de Abu-Bilal al-Minuki, segundo al mando del Estado Islámico a escala global. La operación tuvo lugar en la región de la Cuenca del Lago Chad, escenario histórico de la insurgencia yihadista en África Occidental.

Ese golpe no surgió de la nada. Lo precedió un ataque ordenado por el presidente Donald Trump el día de Navidad contra los mismos militantes, a quienes Trump señaló públicamente como responsables de ataques contra cristianos en el país africano. La secuencia —golpe unilateral, luego operación conjunta, luego repliegue con inteligencia residual— ilustra una doctrina que Washington parece decidido a escalar.

«Hemos retirado gran parte de las fuerzas que estaban allí solo para esa operación, pero continuamos la asociación que Nigeria ha solicitado para seguir con el intercambio de inteligencia», declaró Anderson en una rueda de prensa organizada por el Departamento de Estado al margen de la conferencia de Luanda.

El modelo tiene una lógica de incentivos clara: Estados Unidos aporta capacidades especializadas —inteligencia, precisión, alcance— mientras el socio africano conduce las operaciones sobre el terreno y asume la visibilidad política. Es una fórmula que reduce la huella estadounidense, minimiza el desgaste doméstico y, en teoría, construye capacidad local sostenible.

Los resultados en Nigeria parecen respaldar el enfoque, al menos en el corto plazo. Anderson afirmó que desde mayo el ejército nigeriano «ha sido muy activo» y «continúa atacando objetivos por sí mismo». Añadió que la presión militar combinada con la difusión pública de la operación había alentado deserciones y rendiciones entre combatientes del Estado Islámico en el noreste del país.

El impacto, según Anderson, no se limitó a África Occidental. Dado que el Estado Islámico opera como red internacional, la eliminación de al-Minuki y la disrupción de sus comunicaciones habría afectado operaciones más allá de la región. La historia sugiere cautela ante este tipo de evaluaciones —el yihadismo ha demostrado una notable capacidad de regeneración—, pero el golpe a la segunda figura global de la organización es objetivamente significativo.

Conviene mirar los incentivos de todas las partes. Para Nigeria, la cooperación con Washington ofrece inteligencia que su aparato de seguridad no puede generar solo. Para Estados Unidos, mantener presencia funcional en el Sahel ampliado sin comprometer tropas en número políticamente costoso es exactamente el tipo de eficiencia que la administración Trump ha buscado proyectar. Para los 35 países representados en Luanda, el mensaje fue explícito: este es el formato disponible.

La conferencia en Angola contó también con representantes de Brasil, dato menor pero no irrelevante en un continente donde Pekín y Moscú compiten activamente por influencia militar. Que Washington elija Angola —país con vínculos históricos complejos con potencias externas— como sede para presentar su modelo de cooperación africana tiene una carga simbólica que los asistentes no habrán pasado por alto.

El equilibrio entre presencia y huella, entre eficacia y soberanía del socio, es el problema central de cualquier estrategia de seguridad por delegación. Nigeria lleva años enfrentando a Boko Haram y sus derivados sin resolver el conflicto. La pregunta que Luanda no respondió es si el modelo AFRICOM produce estabilidad duradera o simplemente administra la inestabilidad a un costo aceptable para Washington.

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