Edición Globalmartes 7 de julio de 2026 El mundo en breveLa edición semanal
Continente ORDEN Y PERSPECTIVA GLOBAL.
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacionalNegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
Secciones y más
El mundo
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacional
Negocios, ciencia y cultura
NegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
El medio
El mundo en breveBoletinesAcerca
Líderes · Análisis · Opinión

Santilli, el jefe de Gabinete más poderoso desde 1994, y la apuesta electoral de Milei

El nuevo ministro coordinador concentra funciones sin precedente constitucional mientras el gobierno construye alianzas provinciales para 2027. La reelección presidencial, admiten cerca de la Casa Rosada, no está garantizada.
Foto: lanacion.com.ar
Líderesdomingo 5 de julio de 2026

Diego Santilli acaba de acumular el poder más significativo que haya tenido un jefe de Gabinete desde que ese cargo fue creado por la Constitución de 1994. Según el análisis de Joaquín Morales Solá en La Nación, ningún otro funcionario en ese rol fue también ministro del Interior e interlocutor privilegiado de los gobernadores y del Congreso de manera simultánea y formalizada por decreto presidencial.

Su antecesor Guillermo Francos ejerció funciones similares, pero de facto, sin resolución expresa. Y antes de él, Nicolás Posse careció del peso político necesario para operar en ese registro. Santilli llega con historia propia: no surgió de los afectos de Milei ni es una creación presidencial directa, como lo fue Manuel Adorni. Su capital es otro: la capacidad de moverse entre las dos terminales del mileísmo —la de Karina Milei, secretaria general de la Presidencia, y la del asesor Santiago Caputo— sin quedar atrapado en el fuego cruzado.

Esa habilidad explica, en parte, por qué el Presidente le otorgó atribuciones que sus predecesores no consiguieron. Según fuentes citadas por Morales Solá, «nunca Milei estuvo tan cerca de jugar a cara o ceca su presidencia». La aprobación presidencial se ubica por debajo del 40 por ciento y, aunque dejó de caer, ese porcentaje no asegura una reelección cómoda en primera vuelta.

La geometría electoral

El debate interno sobre la estrategia de 2027 ya tiene contornos visibles. Caputo impulsaba una alianza con 14 gobernadores en la que el mileísmo cedería los cargos provinciales pero retendría todas las candidaturas a senadores y diputados nacionales. Karina Milei, en cambio, prefería competir solo con candidatos propios de La Libertad Avanza —una postura que la fuente califica de «salto mortal sin red».

Santilli encontró una diagonal: alianzas con diez o doce provincias. El esquema descarta distritos peronistas considerados «insalvables» —La Rioja, Formosa, Tierra del Fuego— y otros que afectarían «la estética», como Tucumán, pese a que su gobernador Osvaldo Jaldo es un aliado parlamentario casi permanente del gobierno. En Santa Cruz, en cambio, la alianza con el gobernador Claudio Vidal se presenta como obligada para evitar un retorno del kirchnerismo. En Neuquén y Río Negro se negocian acuerdos con los partidos provinciales de Rolando Figueroa y Alberto Weretilneck, respectivamente.

Los dos distritos más estratégicos son la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma. En el primero, el mileísmo busca un candidato común a gobernador con el macrismo: por ahora, el único nombre en circulación es el de Cristian Ritondo, presidente del bloque de Pro en Diputados, quien mantiene buena relación con el gobierno, con Santilli y con Caputo. La provincia es clave también porque Kicillof, según la fuente, no tiene posibilidad de aspirar a la reelección. En la Ciudad, existe un acuerdo en grandes trazos con Pro, aunque el gobierno rechaza la reelección de Jorge Macri al considerar su gestión «mala e impopular».

Lo que el dato revela

Conviene mirar los incentivos. Milei concentra poder ejecutivo en Santilli no por afinidad personal —que no existe— sino por necesidad aritmética: construir una coalición electoral sin ceder el control legislativo nacional requiere un operador con credenciales propias ante los gobernadores. Es, en esencia, la lógica del libre mercado aplicada a la política: el gobierno ofrece lo que tiene (cargos locales) para obtener lo que necesita (votos nacionales).

El dato importa más que el ruido. Una aprobación inferior al 40 por ciento con agenda de ajuste fiscal en curso y elecciones legislativas en el horizonte no es una posición cómoda, pero tampoco es terminal. La historia argentina sugiere cautela ante quienes descuentan prematuramente el fin de un ciclo: los gobiernos que ordenan las cuentas públicas suelen recuperar terreno cuando los ciudadanos empiezan a percibir los beneficios del equilibrio. La pregunta es si Milei llega a ese punto antes de que las urnas lo obliguen a rendir cuentas.

Más sobre Líderes

La edición semanal

El temario completo de la semana

Leer la edición →