El vicepresidente de Colombia, José Manuel Restrepo, sostuvo un intercambio público con el embajador chino Zhu Jingyang luego de que el diplomático reclamara, vía X, no haber sido convocado a una reunión con donantes internacionales celebrada el martes 25 de agosto.
El encuentro fue organizado para presentar la situación humanitaria y las fases de recuperación tras el terremoto del 10 de agosto. Restrepo publicó imágenes del evento y agradeció el apoyo de la comunidad internacional, mencionando también al Banco Interamericano de Desarrollo por facilitar el espacio.
El embajador Zhu Jingyang respondió en la misma red: «Sr. vicepresidente, con todo el respeto, cuando habla de 'agradecer a la comunidad internacional', buena parte de la misma no está invitada, por razones dudosas». La queja fue directa, pública y sin pasar por los canales diplomáticos habituales.
Restrepo aclaró que la convocatoria no la realizó la Vicepresidencia sino el Gruc —Grupo de Cooperación Internacional, integrado por cerca de 25 países donantes y más de 10 organismos multilaterales, presidido actualmente por Canadá y el BID—, y que China sencillamente no es miembro de ese grupo. «La convocatoria fue realizada por dicha entidad, no por la Vicepresidencia, y estuvo naturalmente dirigida a sus miembros activos», precisó el funcionario.
El vicepresidente subrayó que la gratitud de Colombia hacia la comunidad internacional es «genuina, amplia y sin exclusiones», e incluyó expresamente a China, «cuyo apoyo solidario en esta tragedia los colombianos valoramos». Pero cerró con una observación de fondo: «¿No cree usted que las inquietudes diplomáticas cuentan con canales precisamente diseñados para ello? Son esos canales los que garantizan el diálogo serio y constructivo que Colombia y China merecen».
El episodio es menor en apariencia, pero el dato importa más que el ruido. Beijing ha desplegado en América Latina una diplomacia cada vez más asertiva, dispuesta a presionar en espacios públicos cuando considera que su presencia o influencia es marginada. Que el embajador chino elija X —y no la cancillería— para expresar su malestar no es un descuido de protocolo: es una táctica de visibilidad.
El gobierno de Abelardo De La Espriella, a diferencia de su predecesor, ha mostrado mayor disposición a mantener equilibrios con socios occidentales y a no ceder terreno simbólico ante presiones externas. La respuesta de Restrepo —firme, documentada y sin hostilidad— ilustra ese enfoque: Colombia agradece la cooperación china, pero no está obligada a rediseñar los mecanismos de coordinación multilateral para acomodar a un actor que no participa en ellos. Conviene mirar los incentivos: un país que recibe apoyo humanitario necesita orden en la gestión de donantes, no competencia de visibilidad entre potencias. La institucionalidad del Gruc, con sus reglas de membresía, es precisamente el tipo de marco que protege a los países más pequeños de esas presiones.



