Los videos de personas inyectándose péptidos para adelgazar se multiplican en redes sociales. Influencers y creadores de contenido presentan estas sustancias como un «secreto de belleza» para perder peso, ganar músculo o rejuvenecer, sin que necesariamente exista información clara sobre su composición.
La tendencia encendió las alarmas del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (INVIMA), que alertó sobre la comercialización ilegal de productos de este tipo, muchos de ellos sin registro sanitario y cuya calidad, seguridad y eficacia no han sido evaluadas por la autoridad sanitaria colombiana.
Ante ello, la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo (ACE) decidió pronunciarse. La doctora Ruiz, endocrinóloga y miembro de la Asociación, fue directa: «Las decisiones no deben tomarse a partir de testimonios o promesas comerciales, sino de una valoración médica, un diagnóstico individual y el respaldo sanitario correspondiente».
Qué son y cuál es el riesgo real
Los péptidos son pequeñas cadenas de aminoácidos que participan en procesos relacionados con el apetito, la glucosa en sangre, el crecimiento, el balance de agua, la tensión arterial y el metabolismo de los huesos. Algunos cuentan con evidencia científica y aprobación sanitaria para tratar enfermedades como diabetes, trastornos hormonales, tumores neuroendocrinos, problemas de fertilidad y osteoporosis.
El problema, según la ACE, aparece cuando se presenta a todos los péptidos como productos seguros por el simple hecho de pertenecer a esta categoría. Un producto de origen incierto podría contener sustancias tóxicas, presentar contaminación por microorganismos, tener una concentración diferente a la indicada o provocar reacciones alérgicas. También puede interactuar con otros medicamentos y retrasar el diagnóstico de una enfermedad, afectando el manejo de condiciones relacionadas con la glucosa, los riñones, el hígado o el sistema endocrino.
La preocupación es mayor en personas con enfermedades previas del páncreas, la vía biliar, el riñón, el hígado o el corazón, así como en pacientes con antecedentes de cáncer o trastornos hormonales, mujeres embarazadas o en lactancia, niños, adultos mayores y personas que toman determinados medicamentos. Los deportistas de alto rendimiento también enfrentan riesgo, pues algunas sustancias pueden estar prohibidas por las normas antidopaje.
Las señales de alerta
La ACE recomienda desconfiar de productos que se comercialicen únicamente mediante redes sociales o aplicaciones de mensajería, que no tengan registro sanitario del INVIMA o que prometan resultados rápidos y garantizados. También son señales de alerta que el vendedor no pueda identificar al fabricante, el lote o la fecha de vencimiento; que el producto se promocione como solución para múltiples enfermedades; o que sus supuestos beneficios se sustenten únicamente en testimonios de influencers y se entregue sin fórmula médica.
El llamado de los endocrinólogos no consiste en rechazar todos los tratamientos basados en péptidos, sino en evitar que las personas recurran a productos de origen desconocido motivadas por publicaciones en redes sociales.
La lectura de fondo
El fenómeno ilustra una tensión conocida: cuando el aparato regulatorio no ofrece acceso ágil y asequible a tratamientos con respaldo científico, el mercado informal llena el vacío. El resultado no es libertad de elección, sino riesgo sin información.
Conviene mirar los incentivos. La cadena que va del fabricante informal al influencer y al consumidor opera fuera de cualquier responsabilidad verificable. Ningún registro, ningún lote, ninguna trazabilidad. El costo de ese vacío lo paga el paciente con su salud, no el vendedor con su negocio. La regulación sanitaria, cuando funciona, no es el enemigo del libre mercado: es la condición mínima para que exista un mercado de confianza.



