Panamá conmemoró este sábado 15 de agosto los 507 años de la fundación de Panamá Viejo con un acto celebrado en el Conjunto Monumental Histórico organizado por la Junta Comunal de Parque Lefevre y el Patronato de Panamá Viejo.
La jornada arrancó a las 7:00 a.m. con la izada de la Bandera Nacional y contó con la participación de autoridades, representantes comunitarios, estudiantes e invitados especiales. Las presentaciones folclóricas del Instituto Episcopal San Cristóbal y la intervención musical de la banda del Servicio de Protección Institucional (SPI) marcaron el tono de la celebración.
La ciudad de Nuestra Señora de la Asunción de Panamá fue fundada en 1519 por Pedro Arias Dávila. Hoy, el sitio es Patrimonio Mundial de la UNESCO y constituye uno de los referentes históricos más significativos del continente americano.
Durante el acto, la Junta Comunal de Parque Lefevre entregó un reconocimiento a la gobernadora de la provincia de Panamá, Mayín Correa, quien no pudo asistir y fue representada por Yessenia Sánchez Bowen, vicegobernadora. Igualmente, Diego Valanta fue distinguido como Hijo Meritorio del corregimiento de Parque Lefevre.
El programa concluyó con la interpretación del Himno Nacional y la convocatoria a un desfile cívico comunal. En horas de la tarde, el Consejo Municipal de Panamá realizó una sesión ordinaria y solemne en las ruinas del Convento de las Monjas de la Concepción, dentro del mismo Conjunto Monumental. En ese marco, estaba previsto el reconocimiento a la boxeadora Nataly Delgado, campeona Mundial Absoluta de las 115 libras de la Asociación Mundial de Boxeo.
Conviene mirar los incentivos que rodean a este tipo de conmemoración. El patrimonio histórico no es un asunto meramente simbólico: los sitios declarados por la UNESCO generan flujos de turismo, inversión en conservación y proyección internacional para el país que los custodia. Para una administración como la de Mulino, que ha apostado por la estabilidad jurídica y la atracción de inversión como ejes de gobierno, el cuidado de estos activos culturales es también una señal hacia el exterior sobre la capacidad del Estado panameño de preservar lo que le ha sido confiado.
El dato importa más que el ruido: 507 años después de su fundación, Panamá La Vieja sigue convocando a la comunidad, a las instituciones y al Estado en torno a una identidad compartida. Esa continuidad, modesta en apariencia, es precisamente el tipo de capital social que ningún decreto puede fabricar de la noche a la mañana.



