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Oficios sin relevo: la construcción europea envejece mientras los jóvenes miran hacia otro lado

Solo el 10% de los empleados del sector en España tiene menos de treinta años. Un albañil argentino en Marbella recibió diez ofertas de trabajo en 48 horas; la demanda existe, la oferta joven, no.
Foto: lanacion.com.ar
Europasábado 15 de agosto de 2026

La industria de la construcción en España enfrenta una paradoja que los datos hacen difícil ignorar: hay trabajo, hay salarios competitivos y hay empresas dispuestas a contratar de inmediato. Lo que no hay son jóvenes dispuestos a aprender el oficio.

Según cifras de la Fundación Laboral de la Construcción, apenas el 10% de los empleados del sector tiene menos de treinta años. El envejecimiento de la plantilla avanza sin que se produzca el relevo generacional necesario para sostener la actividad.

El caso de Matías Armani ilustra con precisión la magnitud del desequilibrio. Oficial de albañilería con dos décadas de trayectoria, migró desde Argentina a Marbella, en la provincia de Málaga. Tras presentar su currículum, diez empresas distintas lo contactaron en un plazo de cuarenta y ocho horas para ofrecerle un puesto. El mercado absorbió su experiencia de forma casi instantánea.

Armani, sin embargo, advierte que el problema no es exclusivo de España. Según su visión, la falta de mano de obra joven afecta de igual manera a Argentina: los adultos de entre 18 y 30 años «no quieren aprender a trabajar en la construcción», señala. El fenómeno, en su lectura, tiene raíces culturales más que económicas.

Los números salariales contradicen el argumento de que el sector no paga bien. Las remuneraciones de un oficial de primera oscilan entre 1.500 y 1.800 euros mensuales, por encima del Salario Mínimo Interprofesional fijado en 1.184 euros y en línea —o por encima— de los salarios de salida de muchas titulaciones universitarias. La brecha entre percepción y realidad es, en este caso, considerable.

La crisis no se limita a la albañilería. Electricistas y fontaneros reportan listas de espera de varias semanas para atender a sus clientes, incapaces de asumir nuevos proyectos sin personal de apoyo. La escasez de oficios técnicos se traduce en cuellos de botella que afectan tanto a la obra pública como a la privada.

El horizonte de mediano plazo agrava el diagnóstico. Durante la próxima década, una parte significativa de los trabajadores pertenecientes a la generación del baby boom alcanzará la edad de jubilación. Sin un flujo constante de jóvenes que ingresen al sector, el vacío en el mercado laboral alcanzará, según los especialistas, proporciones críticas.

Conviene mirar los incentivos. Durante décadas, la transmisión de conocimientos técnicos de padres a hijos garantizaba una profesión estable; ese modelo perdió vigencia sin que ningún sustituto lo reemplazara con eficacia. Las políticas educativas de España —y de buena parte de Occidente— han privilegiado la vía universitaria sobre la formación profesional técnica, con resultados que hoy se miden en listas de espera y en obras paralizadas.

El dato importa más que el ruido. Un migrante argentino con oficio encuentra empleo en 48 horas en Marbella mientras miles de jóvenes locales aguardan una oportunidad que, según creen, solo llegará con un título universitario. La historia sugiere cautela ante la idea de que más burocracia educativa o más subsidios resolverán lo que es, en esencia, un problema de señales distorsionadas: cuando el sistema desincentiva el trabajo manual y sobrevalora credenciales académicas de dudoso retorno, el mercado paga el precio en forma de escasez y costos crecientes para el ciudadano común.

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