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Neuronas ancestrales del tronco encefálico, clave para filtrar distracciones

Investigadores de Johns Hopkins identificaron en ratones un circuito inhibitorio del tronco encefálico que regula la atención selectiva en todos los vertebrados. El hallazgo abre una vía hacia tratamientos más precisos para el TDAH y el autismo.
Foto: sciencedaily.com
Ciencia y tecnologíasábado 4 de julio de 2026

El cerebro humano recibe a cada instante más información de la que puede procesar. Decidir qué ignorar es, en muchos sentidos, tan importante como decidir qué atender. Un equipo de la Universidad Johns Hopkins acaba de localizar el mecanismo que ejecuta esa decisión en una región del encéfalo mucho más antigua de lo que la neurociencia suponía.

Los investigadores identificaron un grupo de neuronas inhibitorias situadas en el tronco encefálico de ratones que desempeña un papel central en la atención espacial selectiva: la capacidad de seguir una conversación en un salón ruidoso o de distinguir un rostro conocido en una multitud. El estudio fue publicado en Nature Communications y seleccionado como destacado editorial de la revista.

Un motor de selección atencional

Durante décadas, la corteza prefrontal acaparó la explicación científica de la atención. El problema es que aves, peces y anfibios también son capaces de focalizar su atención a pesar de carecer de una corteza prefrontal desarrollada. «Si retrocedemos en la evolución, durante cientos de millones de años las aves han tenido esta capacidad, los peces también», señaló Ninad Kothari, autor principal del estudio y becario postdoctoral en el Departamento de Ciencias Psicológicas y del Cerebro de Johns Hopkins. «Pudimos identificar una región evolutivamente antigua en el tronco encefálico que provee esta capacidad».

El equipo diseñó una tarea de atención visual similar a las utilizadas en estudios con humanos. Los ratones observaban señales en una pantalla y recibían recompensa cuando respondían correctamente al estímulo frontal mientras ignoraban distractores laterales. Los animales completaron la tarea con éxito hasta que los investigadores desactivaron temporalmente las neuronas del tronco encefálico.

El resultado fue inmediato: los ratones se volvieron «hiperdistraíbles», según describió Kothari. Los experimentos de control descartaron problemas visuales o motores. El único déficit registrado fue la incapacidad de comparar señales competidoras y orientarse hacia la más relevante.

«Esta parte del cerebro es como un motor de selección atencional», explicó Shreesh Mysore, autor sénior y neurocientífico especializado en circuitos neurales vinculados al comportamiento. «Ayuda a resolver la pregunta: ¿cuál es la información más importante a la que debo prestar atención ahora mismo?»

La conexión con el TDAH

Conviene mirar los incentivos clínicos detrás del hallazgo. Mysore trazó una línea directa hacia el trastorno por déficit de atención e hiperactividad: «Una característica distintiva del TDAH es que incluso distractores leves desvían la atención, y eso es exactamente lo que observamos cuando estas neuronas son silenciadas». Al día siguiente de reactivarlas, el mismo animal podía ignorar distractores incluso muy intensos.

El circuito identificado no es exclusivo de los ratones. Las neuronas inhibitorias del tronco encefálico están presentes en todas las especies de vertebrados estudiadas, incluyendo aves, ranas y tortugas, lo que sugiere una solución evolutiva conservada durante cientos de millones de años. «Toda la evidencia disponible hasta la fecha sugiere que estas neuronas también existen en humanos», afirmó Mysore, aunque aclaró que su papel en la atención espacial humana sigue siendo una hipótesis que deberá confirmarse.

Los próximos pasos del equipo incluyen examinar la actividad de estas neuronas en personas con TDAH y autismo. Si se confirma que funcionan de manera diferente en esas condiciones, el descubrimiento podría orientar el desarrollo de medicamentos y terapias más dirigidas, con menor impacto sobre otros sistemas cerebrales.

El dato importa más que el ruido: la investigación, financiada con fondos federales, reencuadra el debate sobre los sustratos neurológicos de la atención y desplaza el foco desde la corteza —evolutivamente reciente— hacia estructuras que compartimos con los peces. La historia sugiere cautela ante extrapolaciones prematuras, pero el mecanismo básico ya está documentado en ratones con una precisión experimental difícil de rebatir.

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