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NASA recluta voluntarios para simular un año en la Luna y Marte

La agencia espacial busca participantes para su próxima misión análoga que recreará las condiciones de vida en la superficie lunar y marciana durante doce meses. El programa apunta a preparar las misiones tripuladas del programa Artemis.
Foto: nasa.gov
Ciencia y tecnologíasábado 4 de julio de 2026

La NASA abrió convocatoria para reclutar voluntarios dispuestos a pasar un año confinados en hábitats que simulan las condiciones de la Luna y Marte. La agencia denomina el proyecto su primera misión análoga de Exploración Lunar y Marciana, y los seleccionados realizarán tareas similares a las de un astronauta en entornos inmersivos e interactivos mientras viven dentro de las instalaciones.

Los participantes utilizarán, entre otros recursos, gafas de realidad aumentada para ejecutar actividades que replican las operaciones reales en superficie. La imagen difundida por la NASA muestra a un voluntario de investigación empleando ese equipo durante una misión espacial simulada anterior.

El programa se enmarca en el esfuerzo más amplio del programa Artemis, cuyo objetivo declarado es devolver seres humanos a la Luna y sentar las bases logísticas para una eventual misión tripulada a Marte. Conviene mirar los incentivos: cada dato recogido en estas simulaciones reduce los márgenes de error —y los costos— de las misiones reales, donde un fallo no admite segunda oportunidad.

La duración de doce meses no es arbitraria. Los viajes de ida y vuelta a Marte, según los perfiles de misión que maneja la agencia, exigirían períodos de aislamiento prolongados. Entender cómo responde el organismo humano —y la cohesión del equipo— bajo esas condiciones es información que ningún modelo computacional puede sustituir por completo. El dato importa más que el ruido: la fisiología y la psicología del confinamiento prolongado siguen siendo las variables menos controladas en la ecuación de la exploración profunda.

La convocatoria se produce mientras el programa Artemis acumula hitos verificables. La misión Artemis II, según información de la propia NASA, estableció un récord de audiencia en streaming para la agencia. El calendario de decisiones que cada capital enfrenta en materia espacial vuelve relevante este tipo de inversión en capital humano: los aliados y competidores de Washington observan con atención cada paso del programa.

Desde la perspectiva del equilibrio geopolítico, la carrera por la Luna ha dejado de ser un asunto exclusivamente científico. Beijing avanza en su propio programa lunar con plazos públicamente declarados, y la capacidad de Estados Unidos para sostener misiones de larga duración —tanto en órbita como en superficie— depende en buena medida de investigación aplicada como la que estas simulaciones generan.

El programa Artemis ya cuenta con misiones adicionales en planificación. La NASA anunció recientemente que añade una misión y perfecciona su arquitectura general, lo que amplía la ventana de relevancia para los datos que arrojen los análogos terrestres. Los voluntarios seleccionados no serán astronautas, pero su contribución alimentará directamente las decisiones de diseño que sí afectarán a quienes eventualmente pisen suelo extraterrestre.

La historia sugiere cautela respecto a los plazos: la exploración espacial tripulada ha acumulado décadas de retrasos y revisiones presupuestarias. Sin embargo, el volumen de actividad reciente —misiones análogas, pruebas de streaming récord, nuevas arquitecturas de misión— indica que el programa mantiene impulso operativo. Si los incentivos institucionales y el financiamiento se sostienen, los próximos doce meses de simulación podrían ser los más informativos que la agencia haya producido desde los preparativos del Apolo.

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