Ricardo Monreal, coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, salió al paso de las tensiones internas de su partido con un mensaje de disciplina: los aspirantes a candidaturas para las elecciones de 2027 deben «actuar con generosidad», evitar «deserciones, fracturas, rupturas o confrontaciones» y dialogar entre sí antes de que el proceso se desborde.
«No se confíen», fue la advertencia central de Monreal. Reconoció que las encuestas colocan a Morena en una posición «privilegiada», pero subrayó que esos números pueden moverse en cuanto se designe a un candidato. Para el coordinador, las elecciones de 2027 serán una prueba «muy dura» para la llamada Cuarta Transformación.
El partido ya comenzó a mover fichas. Morena presentó perfiles para tres estados: Pablo Gutiérrez Lazaruz, coordinador de la Defensa de la Cuarta Transformación y la Soberanía Nacional en Campeche, se perfila como virtual candidato a suceder a Layda Sansores, de quien es cercano. En Aguascalientes, la senadora Nora Ruvalcaba —quien colaboró con el expresidente López Obrador durante su gestión— fue nombrada coordinadora de la 4T en su cuarto intento por conquistar la gubernatura del estado. En Colima, Rosa María Bayardo Cabrera, hasta hace unos días alcaldesa de Manzanillo, es la figura que emerge como candidata; según fuentes citadas por El Financiero, recibió el visto bueno de la presidenta Claudia Sheinbaum ante el apoyo ciudadano que registra.
Citlalli Hernández, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, defendió que el proceso interno del partido es «uno de los más transparentes en el país» y anticipó la presentación de más coordinadores en los próximos días.
El cuadro que emerge es el de una maquinaria electoral que, pese a su dominio institucional, muestra señales de tensión interna difíciles de disimular. Que el propio coordinador legislativo del partido deba salir a pedir calma sugiere que los incentivos individuales de los aspirantes ya empujan en dirección contraria a la unidad que Morena necesita para mantener su ventaja.
Conviene mirar los incentivos. Un partido que controla el aparato estatal, las transferencias federales y buena parte de los gobiernos locales tiene herramientas poderosas para disciplinar a sus cuadros, pero también genera una competencia feroz por el acceso a esos recursos. Las fracturas que Monreal quiere conjurar no son accidentales: son el producto lógico de un modelo político en el que el Estado es el principal distribuidor de oportunidades. Para los ciudadanos que valoran la alternancia y la competencia real, el dato relevante no es si Morena se une o se divide, sino si la oposición será capaz de ofrecer una alternativa creíble antes de que el calendario electoral cierre esa ventana.



