La alcaldía Miguel Hidalgo, en Ciudad de México, abrió el 25 de agosto la convocatoria al certamen «Expresiones de Libertad», con recepción de trabajos hasta el 18 de septiembre y premiación prevista para el 2 de octubre, fecha que la demarcación celebra como Día de la Libertad.
El alcalde Tabe anunció tres categorías de participación, cada una con un premio de 20 mil pesos para el ganador, además de menciones honoríficas y la publicación de la obra. Los interesados pueden entregar sus trabajos en los Faros de Saber de la alcaldía.
La convocatoria está abierta al público en general. El objetivo declarado es «dar significado a los valores de libertad y justicia», según explicó Tabe al anunciar el certamen.
El alcalde fue explícito en el encuadre político del evento: sostuvo que la masacre de Tlatelolco «no es un tema de izquierdas ni de derechas, sino de jóvenes que tuvieron un espíritu de libertad hace 58 años». Con esa lectura, la alcaldía disputa la propiedad simbólica del 2 de octubre, fecha históricamente apropiada por la narrativa de la izquierda mexicana.
«El 2 de octubre queremos llenar Miguel Hidalgo de libertad, libertad para crear, para pensar, para expresarnos, para alzar la voz», dijo Tabe, quien definió a la demarcación como «Bastión de la Libertad».
El certamen tiene, entonces, dos dimensiones simultáneas: una cultural —fomentar la creación artística entre los residentes— y una política, en la que una alcaldía de oposición reivindica valores que el oficialismo federal tiende a monopolizar en su propio relato histórico.
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Conviene mirar los incentivos. Una alcaldía opositora que destina recursos a premiar expresión libre en torno a una fecha emblemática no actúa en el vacío: lo hace en un contexto en que el gobierno federal concentra cada vez más el discurso sobre derechos y memoria histórica. Que Tabe subraye que el 2 de octubre «no es ideológico» es, en sí mismo, un acto político de disputa cultural.
El dato importa más que el ruido: 20 mil pesos por categoría es un monto modesto, pero el valor del certamen no está en el presupuesto sino en el marco que construye. Una sociedad civil capaz de crear, debatir y expresarse sin tutela del Estado es, precisamente, el contrapeso que el libre mercado de ideas necesita frente a cualquier aparato que pretenda administrar la memoria colectiva. Miguel Hidalgo apuesta por ese espacio; la pregunta es si otras demarcaciones —y otras instituciones— seguirán el ejemplo.



