Rodrigo Lara, ministro del Interior designado por el presidente electo Abelardo De La Espriella, calificó como «absolutamente delirantes» las declaraciones del saliente mandatario Gustavo Petro, quien publicó en su cuenta de X que «el presidente de Colombia de acuerdo a la decisión de los colombianos es el filósofo Iván Cepeda», y sostuvo que los resultados de la segunda vuelta habrían sido manipulados mediante algoritmos operados desde California, Estados Unidos.
Lara hizo esas declaraciones al salir de su primera reunión de empalme con el ministro Armando Benedetti. «Nadie se explica que un presidente en ejercicio salga en un trino a desconocer los resultados electorales, es decir, la voluntad soberana del pueblo colombiano», afirmó el funcionario designado.
El próximo integrante del gabinete fue más lejos en su diagnóstico político: «Estamos ante la expresión más antidemocrática de la izquierda. Hay una izquierda antidemocrática y hay una izquierda democrática; esta es la izquierda antidemocrática. Desconocen la voluntad de los colombianos en las urnas y eso es muy grave porque nadie puede desconocer el resultado y la voluntad de los colombianos porque es un mandato sagrado».
Lara también apuntó a la semántica del petrismo saliente. Según el designado ministro, llamar «desobediencia civil» al desconocimiento del resultado equivale a convocar «protestas violentas en la calle». Del mismo modo, recordó que el gobierno saliente denominó «Paz Total» a lo que, en sus palabras, fue «un acuerdo entre el Estado y el narcotráfico».
El Partido Conservador, por su parte, cerró filas en torno a las instituciones tras el cuestionamiento de Petro al resultado electoral, según informó la misma fuente.
Mientras el presidente saliente lanza sus señalamientos desde las redes, el aparato estatal sigue su curso de transición. Este martes estaban previstas las reuniones sectoriales de empalme, y el miércoles el presidente electo tenía programada una visita a Norte de Santander para el inicio de los encuentros territoriales. La maquinaria institucional, en otras palabras, opera con independencia del ruido que genera quien está a días de dejar el poder.
La nueva administración, precisó Lara, respetará a la oposición «mientras esta actúe en el marco de la Constitución».
Conviene mirar los incentivos. Petro abandona el poder sin haber logrado reformas estructurales aprobadas ni un sucesor político en la Casa de Nariño; desconocer el resultado electoral es, en ese contexto, un gesto de supervivencia narrativa, no una amenaza institucional real. El dato importa más que el ruido: el empalme avanza, los ministros se reúnen y el calendario de transición se cumple. Colombia ha visto antes este tipo de impugnaciones tardías; las instituciones electorales y el proceso de traspaso de mando son la respuesta más elocuente. Lo que sí merece atención es el llamado implícito a la movilización: si la retórica de «desobediencia civil» se traduce en bloqueos, el nuevo gobierno enfrentará desde el primer día la prueba de hacer valer el orden público sin ceder al relato de la persecución política. Esa tensión, más que el trino presidencial, es la que definirá el tono del arranque.



