A unos 194 kilómetros de Bogotá, en la vereda Tocogua del municipio de Duitama, existe un espacio que condensa la identidad de Boyacá sin obligar al viajero a recorrer carreteras durante días. Se trata del Pueblito Boyacense, un complejo que recrea la arquitectura y las tradiciones de siete municipios emblemáticos del departamento en un solo recinto.
El lugar nació en la década de los noventa como un proyecto de vivienda para artistas y gestores culturales. Con el tiempo, la iniciativa privada y la vocación cultural de sus habitantes lo transformaron en uno de los atractivos turísticos más visitados de la región.
Siete plazoletas, una sola visita
El corazón del recinto son siete plazoletas inspiradas en Villa de Leyva, Ráquira, Monguí, Tibasosa, Tenza, Sáchica y El Cocuy. Cada espacio reproduce detalles arquitectónicos reconocibles: balcones de madera, calles empedradas, faroles y techos de teja de barro. El resultado es la sensación de transitar por varios pueblos sin abandonar un mismo sitio.
La oferta gastronómica complementa la experiencia. Los visitantes encuentran restaurantes con cocido boyacense, gallina criolla y arepas de maíz pelao, además de cafeterías, dulces artesanales y locales de cerámica, alfarería y tejidos. El complejo también alberga una capilla y hospedajes temáticos.
Calendario cultural activo
A lo largo del año el Pueblito Boyacense mantiene una agenda de eventos: el festival Bazarte, celebraciones de Semana Santa, el Festival Cacique Tundama y el alumbrado navideño denominado Pueblito Brilla, que convierte el lugar en un escenario de luces con alta afluencia de visitantes.
Cómo llegar
Desde Bogotá, la ruta sigue por la Autopista Norte hasta Tunja y continúa hacia Duitama. El trayecto toma aproximadamente tres horas en vehículo particular. Desde el centro de Duitama, el complejo se encuentra a dos kilómetros; hay acceso en transporte público mediante buses hasta la terminal y luego taxi o colectivo hasta la vereda Tocogua.
Lectura editorial
El Pueblito Boyacense ilustra lo que ocurre cuando un proyecto de iniciativa privada —nacido para artistas y gestores culturales— encuentra su mejor versión en el mercado turístico, sin depender de grandes subsidios estatales. La preservación de la identidad regional y la generación de empleo artesanal son, en este caso, consecuencias del libre intercambio entre visitantes y productores locales, no de decretos ni planes de ordenamiento cultural.
Conviene mirar los incentivos: cuando el turismo funciona como motor económico real, los propios habitantes tienen razón para conservar su patrimonio arquitectónico y gastronómico. Boyacá ofrece aquí un modelo replicable para otros departamentos colombianos que buscan diversificar sus fuentes de ingreso más allá de la economía extractiva o el gasto público.



