El pueblo de Los Antiguos, en la provincia de Santa Cruz, se prepara para escribir una página inédita en la historia agroindustrial argentina. En la próxima zafra, productores locales exportarán más de 600 toneladas de cerezas bajo el sello «Cereza del Valle de Los Antiguos-Patagonia», convirtiéndose así en la primera fruta del país en salir al exterior con denominación de origen (DO).
El reconocimiento oficial llegó el año pasado, cuando la Secretaría de Agricultura del Ministerio de Economía publicó la resolución que formalizó la DO. Detrás de ese acto administrativo hay años de trabajo de dos actores centrales: la Cooperativa El Oasis y la firma Río Alara, que conformaron la Asociación Civil Consejo de la Denominación de Origen Cereza del Valle de Los Antiguos – Patagonia.
Pero el sello solo tiene valor si hay trazabilidad real. Para garantizarla, se desarrolló un manual de gestión que determina cómo debe manejarse la fruta desde la cosecha hasta el empaque, de modo que no se mezcle con cerezas que no cumplan los parámetros exigidos. Esos parámetros son cuatro: dulzura, firmeza, color y acidez. «Aquella fruta cosechada muy verde, o aquella que esté blanda por mal manejo, tampoco entra», precisó el ingeniero agrónomo Federico Guerendiain, secretario de la Asociación Civil e impulsor del sello.
El financiamiento para el manual y el equipamiento llegó a través del Ministerio de la Producción, Comercio e Industria de Santa Cruz, que lo gestionó mediante el Consejo Federal de Inversiones (CFI). Con esos fondos se adquirieron dos equipos de la marca Firm Pro —con software americano— que miden firmeza, color y calibre de forma objetiva, instalados en cada planta de empaque habilitada.
En la zafra en curso, las cajas llevarán sello, logo, código QR, código de barras y etiquetas numeradas. Los mercados de destino prioritarios son España —donde la tradición de denominaciones de origen tiene respaldo legal y cultural— y Oriente Medio. Estados Unidos también recibirá envíos, aunque según Guerendiain ese mercado no valora especialmente la DO.
La cereza de Los Antiguos es conocida como «tardía» porque la zafra ocurre en enero, cuando la floración se da en octubre. Esa particularidad la convierte en la cosecha más austral del mundo, un atributo de diferenciación que los productores buscan capitalizar en mercados premium.
El proceso involucró a diez familias productoras, dos plantas de empaque, diez técnicos de distintas entidades, el INTA, el Consejo Agrario Provincial y la Cámara Argentina de Productores de Cerezas Integrados (Capci), entre otros actores. Se realizaron listas de chequeo, capacitaciones y una prueba piloto que simuló todo el proceso desde la chacra hasta los trámites de exportación.
La historia de estos productores es inseparable del estallido del volcán Hudson el 13 de agosto de 1991. Aquel día, Los Antiguos no tuvo amanecer: una tormenta de cenizas sepultó el pueblo durante varios días. Los restos volcánicos alcanzaron los 18.000 metros de altura y cubrieron 10 millones de hectáreas patagónicas; cerca de 600.000 ovejas de la región murieron por falta de pasturas y agua. Familias enteras abandonaron el lugar; otras resistieron y reconstruyeron.
Conviene mirar los incentivos. Lo que Los Antiguos está a punto de exportar no es solo fruta: es el resultado de una cadena de valor construida desde abajo, con productores que apostaron a la calidad diferenciada, cooperativas que organizaron la oferta y técnicos que tradujeron esa apuesta en estándares medibles. El Estado provincial y el CFI aportaron financiamiento, pero el motor fue privado y asociativo. Ese modelo —propiedad, mérito, trazabilidad, acceso a mercados— es exactamente el que genera riqueza duradera en regiones que, de otro modo, quedarían atrapadas en la subsistencia. La denominación de origen no es un trámite burocrático: es una institución que protege la reputación de quienes producen bien y castiga a quienes no lo hacen. El dato importa más que el ruido.



