Edición Globalmartes 7 de julio de 2026 El mundo en breveLa edición semanal
Continente ORDEN Y PERSPECTIVA GLOBAL.
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacionalNegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
Secciones y más
El mundo
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacional
Negocios, ciencia y cultura
NegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
El medio
El mundo en breveBoletinesAcerca
Ciencia y tecnología

La anémona de mar y el sistema inmune que la evolución inventó dos veces

Investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén identificaron una proteína antiviral en anémonas de mar que funciona de manera opuesta a su equivalente humano, pero protege igual de bien. El hallazgo sugiere que la evolución desarrolló estrategias inmunitarias independientes en distintas ramas del reino animal.
Foto: sciencedaily.com
Ciencia y tecnologíasábado 4 de julio de 2026

Conviene mirar los incentivos que mueven la investigación básica: a menudo, los descubrimientos más relevantes para la medicina humana llegan de organismos que nadie asociaría con la salud pública. El caso más reciente lo protagoniza la anémona de mar.

Un equipo liderado por el candidato doctoral Ton Sharoni y el profesor Yehu Moran, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en colaboración con científicos de la Universidad de Carolina del Norte en Charlotte, publicó en Nature Ecology & Evolution un hallazgo que reordena la comprensión sobre cómo los animales combaten los virus.

Una proteína que frena para proteger

En vertebrados, incluidos los humanos, una proteína llamada MAVS actúa como alarma central del sistema inmune: cuando detecta un virus, activa la respuesta defensiva del organismo. La hipótesis convencional sostenía que este mecanismo era heredado de un ancestro común y compartido, con variaciones, por todo el reino animal.

Los investigadores eligieron la anémona de mar precisamente por su antigüedad evolutiva: estas criaturas se separaron de la línea que condujo a los humanos hace más de 600 millones de años. Al estudiarlas, descubrieron una proteína previamente desconocida a la que denominaron CARDIB —del inglés CARD Inhibitor Binding protein—. Su estructura molecular era llamativamente similar a MAVS, lo que llevó al equipo a asumir que cumpliría la misma función.

«Todo en CARDIB sugería que debía funcionar como MAVS», explicó Moran. «En cambio, descubrimos que hace exactamente lo contrario. En condiciones normales, CARDIB suprime las defensas antivirales».

La paradoja era inmediata: ¿por qué un animal inhibiría su propio sistema inmune?

El freno que resulta indispensable

Para responder esa pregunta, el equipo utilizó edición genética CRISPR para eliminar el gen CARDIB de varias anémonas y luego las expuso a virus. Los resultados fueron contraintuitivos: los animales sin CARDIB se volvieron significativamente más susceptibles a la infección. Los virus se multiplicaron con mayor rapidez, las anémonas no lograron activar correctamente sus defensas y su capacidad para combatir la infección se redujo de forma drástica.

«Aunque CARDIB actúa como un freno en condiciones normales, ese freno resulta esencial para montar una respuesta antiviral eficaz», señaló Sharoni.

El dato importa más que el ruido: la proteína no activa la inmunidad directamente, sino que la regula de un modo que, sin ella, el sistema colapsa.

De laboratorio al estuario

Para verificar que el fenómeno no era un artefacto de laboratorio, los investigadores trasladaron anémonas modificadas genéticamente desde acuarios controlados hacia mesocosmos marinos al aire libre en Carolina del Sur, abastecidos con agua estuarina natural. La exposición a la diversidad viral del entorno real confirmó los resultados: las anémonas sin CARDIB y sin genes antivirales relacionados acumularon sustancialmente más virus que los animales no modificados.

Además, un gen inmunitario que parecía moderadamente relevante en el laboratorio demostró ser claramente importante bajo condiciones ambientales naturales, lo que subraya los límites de extrapolar resultados desde entornos controlados.

Implicaciones para la biología evolutiva

La historia sugiere cautela ante los grandes relatos unificadores. Durante décadas, la inmunología asumió que los animales comparten una arquitectura antiviral común heredada de un único ancestro. Este trabajo apunta en otra dirección: la evolución habría producido al menos dos soluciones moleculares distintas para el mismo problema, en linajes que llevan más de 600 millones de años separados.

«Los humanos y las anémonas de mar necesitan protección frente a los virus, pero este trabajo demuestra que la evolución puede organizar esas defensas de maneras fundamentalmente diferentes», afirmó Moran.

El hallazgo también refuerza el argumento institucional a favor de financiar investigación en organismos no convencionales. Ratones y primates dominan los modelos experimentales, pero organismos antiguos como las anémonas conservan innovaciones evolutivas que permanecerían ocultas de otro modo. En un campo donde cada nuevo mecanismo inmunitario descubierto abre potenciales vías terapéuticas, ampliar el catálogo de soluciones que la biología ya ha ensayado es, en sí mismo, un activo de largo plazo.

Más sobre Ciencia y tecnología

La edición semanal

El temario completo de la semana

Leer la edición →