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Kamala Harris 2028: la candidatura que nadie descarta del todo

El analista Ruy Teixeira argumenta que los mercados de predicción subestiman las posibilidades de Harris de obtener la nominación demócrata. Los incentivos internos del partido explican por qué.
Foto: thefp.com
Líderessábado 4 de julio de 2026

Los mercados de predicción le asignan apenas un 6% de probabilidad. La mayoría de los observadores descarta la idea casi por reflejo. Sin embargo, Ruy Teixeira, investigador del American Enterprise Institute y cofundador del boletín The Liberal Patriot, sostiene que la sabiduría convencional se equivoca al subestimar a Kamala Harris de cara a 2028.

El argumento no es sentimental. Es estructural.

Según Teixeira, Harris no solo no ha abandonado la escena: está haciendo movimientos deliberados hacia las facciones con mayor impulso dentro del Partido Demócrata. Axios reporta que la excandidata presidencial ha establecido contactos con grupos progresistas y activistas pro-palestinos. La señal es clara: Harris apuesta por el ala que hoy marca el ritmo interno del partido, no por una renovación hacia el centro.

Eso, precisamente, es lo que Teixeira encuentra revelador —y preocupante desde su perspectiva—. «Lejos de retroceder en el radicalismo cultural que jugó un papel tan importante en su debacle de 2024, los políticos demócratas han mantenido la línea», escribe. En ese contexto, Harris no es una anomalía; es una expresión coherente de hacia dónde apuntan los incentivos del partido.

Conviene mirar esos incentivos con cuidado. La base activista demócrata no procesó 2024 como una derrota ideológica, sino como un problema de candidato o de coyuntura. Si ese diagnóstico prevalece —y todo indica que prevalece— entonces Harris, lejos de ser un lastre, puede presentarse como una figura que «resistió» y que merece una segunda oportunidad. La narrativa de la reivindicación tiene tracción histórica en la política estadounidense.

El dato importa más que el ruido. Harris perdió de forma categórica en noviembre de 2024. Pero las primarias demócratas no las decide el electorado general, sino una base que puede tener preferencias muy distintas a las del votante medio. En ese subconjunto, las credenciales progresistas de Harris y su perfil identitario siguen siendo activos, no pasivos.

El análisis de Teixeira no predice que Harris ganará la nominación. Sostiene algo más preciso y más incómodo para quienes la descuentan: que un 6% es una cifra absurdamente baja dado el estado real del partido. La historia sugiere cautela antes de declarar muerta una candidatura que cuenta con redes, nombre reconocido y una base fiel dentro de la coalición dominante del partido.

El escenario que emerge no es el de una figura residual que se aferra al pasado, sino el de una operación política en curso que lee correctamente dónde está el poder interno demócrata en este momento. Si el partido no produce un candidato que concilie a sus distintas facciones —tarea nada sencilla en el ciclo que se abre— Harris podría beneficiarse de la fragmentación por defecto.

Para los observadores externos, el fenómeno ilustra algo más amplio: el Partido Demócrata enfrenta una tensión no resuelta entre las lecciones electorales de 2024 y los incentivos de su maquinaria interna. Esa tensión no se resolverá pronto. Y mientras no se resuelva, candidaturas como la de Harris tienen oxígeno.

El equilibrio entre lo que los votantes generales exigen y lo que la base activista premia es, hoy, el problema central del partido. Harris lo conoce. Y, según Teixeira, lo está usando.

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