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Israel llega a Colombia con un avión de su Fuerza Aérea; Petro rechaza la ayuda y la llama de «genocidas»

El expresidente colombiano cuestionó en redes la asistencia israelí tras el terremoto de magnitud 7.4 del 10 de agosto. El portavoz del ejército israelí le respondió en persona desde Bogotá.
Foto: semana.com
Las Américassábado 15 de agosto de 2026

Un avión de la Fuerza Aérea israelí aterrizó en Colombia el viernes 14 de agosto para sumarse a las labores de rescate y reparación tras el terremoto de magnitud 7.4 que sacudió al país el lunes 10 de agosto. La misión llegó con Roni Kaplan, portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel y asesor del Ministerio de Relaciones Exteriores, quien encabezó la respuesta pública a las críticas del expresidente Gustavo Petro.

Petro había publicado en la red social X: «No esperes mucho de ayuda si la que viene es de genocidas». En el mismo mensaje cuestionó si los enviados israelíes eran personal humanitario o «soldados de guerra», y recordó que Colombia mantiene cerca de 200.000 efectivos militares propios, incluido el batallón Colombia, desplegado en la península del Sinaí «para que no haya guerra entre Egipto e Israel».

Kaplan respondió desde suelo colombiano con una frase que circuló ampliamente: «Con todo respeto. Somos soldados de paz. Vamos a la guerra que nos impone el enemigo, solamente para un día poder vivir en paz». El portavoz añadió que Israel actúa «según el derecho internacional humanitario» y citó un principio de su código moral: «De quien se levanta a eliminarte, párate y defiéndete frente a él». Cerró con un mensaje directo: «#Colombia querida, #Israel está contigo».

El trasfondo político es relevante. Según la fuente, Petro cuestionó la determinación del gobierno del recién posesionado presidente Abelardo De la Espriella de limitar la recepción de equipos de rescate a países aliados e ideológicamente cercanos a su administración, entre ellos Israel, El Salvador, Ecuador y Estados Unidos. La decisión implica una reorientación de la política exterior colombiana respecto al período anterior.

Kaplan, ya en Colombia, resumió la postura israelí sin retórica: «No hay cosa que deseemos más que estar acá intentando aportar. No podemos reparar todo el mundo, pero sí podemos intentar reparar la parte del mundo que hoy está delante de nosotros».

Conviene mirar los incentivos. En medio de una emergencia que dejó regiones enteras dañadas, el expresidente Petro eligió convertir la ayuda exterior en un campo de batalla ideológica, rechazando asistencia técnica y de rescate con base en la política exterior de otro país. El resultado práctico de esa postura —menos capacidad de respuesta para los damnificados— queda en segundo plano frente al gesto político.

El gobierno De la Espriella, por su parte, optó por criterios de afinidad diplomática para seleccionar socios de emergencia, lo que tiene sus propios costos de eficiencia. Pero la imagen de un equipo israelí aterrizando con un avión militar para reparar lo que el terremoto destruyó, mientras el expresidente los llama genocidas desde X, ilustra con precisión el tipo de debate que Colombia se puede permitir menos en este momento: el que prioriza la narrativa sobre los escombros.

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