Las autoridades del municipio de Monschau, en el estado alemán de Renania del Norte-Westfalia, ordenaron la noche del domingo la evacuación parcial de la localidad fronteriza con Bélgica a causa del incendio declarado en la reserva natural de Hautes Fagnes —los Altos Pantanos—, que ya ha consumido más de 3.000 hectáreas.
El equipo de gestión de emergencias de la ciudad emitió la orden tras señalar, apenas horas antes, que no existían indicios que condujeran a decretar evacuaciones. La instrucción afectó de manera inmediata a las calles Ruitzhof y Geisberg, cuyos residentes fueron instados a «abandonar la zona por sus propios medios». Para quienes no contaran con alojamiento alternativo, el ayuntamiento habilitó un refugio en el Instituto Simmerath, en el número 40 de la calle Walter Bachmann, dotado de personal de emergencias.
Según informó la agencia alemana de noticias DPA, la medida afectó al menos a 17 viviendas y hasta 30 personas. Las labores de extinción cuentan con el apoyo del Cuerpo de Bomberos de Aquisgrán —también fronteriza con Bélgica— y de los bomberos de la región metropolitana. El ayuntamiento precisó que la evolución del incendio será evaluada «continuamente».
El fuego se ha convertido en el segundo más grande jamás registrado en Alemania. La comparación histórica es elocuente: el incendio se aproxima al devastador fuego de 1911, ocurrido en la misma zona y conocido como «el infierno de Dante», que calcinó cerca de 4.000 hectáreas.
Conviene mirar los incentivos. Un incendio de esta magnitud en una reserva natural de alta protección plantea preguntas directas sobre la capacidad de respuesta del Estado y la eficacia de los protocolos de gestión del territorio. La evacuación se ordenó horas después de que las propias autoridades descartaran esa posibilidad, lo que revela márgenes de imprevisión que el aparato de emergencias deberá explicar.
El dato importa más que el ruido. Más de 3.000 hectáreas destruidas, al menos 30 personas desplazadas y un frente de fuego que aún no está controlado: ese es el balance concreto que enfrentan los contribuyentes de Renania del Norte-Westfalia. La gestión de la crisis en las próximas horas determinará si el incendio queda como el segundo más grande de la historia alemana o alcanza el triste récord de 1911.



