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Hubble retrata una nube carmesí encendida por estrellas blancas y azules en la Gran Nube de Magallanes

El telescopio espacial capturó la región LH 95, donde una joven población estelar ilumina un paisaje de gas y polvo. La imagen ofrece una ventana al proceso de formación estelar en una galaxia vecina.
Foto: science.nasa.gov
Ciencia y tecnologíasábado 4 de julio de 2026

El telescopio espacial Hubble, operado por la NASA y la ESA, capturó una imagen de la región LH 95, ubicada en la Gran Nube de Magallanes. El resultado es un paisaje de gas y polvo calentado e iluminado por una nutrida población de estrellas jóvenes.

La descripción oficial de la NASA compara la escena con «fuegos artificiales recién lanzados contra un fondo de humo que se disipa»: estrellas azules y blancas resplandecen sobre un fondo carmesí formado por nebulosas de hidrógeno ionizado. El contraste cromático no es ornamental; refleja procesos físicos distintos. Las estrellas de tonos azules y blancos son masivas, jóvenes y extremadamente calientes. El rojo proviene del gas que esas mismas estrellas calientan e ionizan a su alrededor.

La Gran Nube de Magallanes es una galaxia satélite de la Vía Láctea, lo que la convierte en un laboratorio privilegiado para la astronomía. Su proximidad relativa permite a instrumentos como Hubble resolver estructuras individuales que en galaxias más distantes se funden en un punto de luz. La región LH 95 es precisamente el tipo de entorno donde los astrónomos estudian cómo nacen las estrellas: densas nubes de gas colapsan bajo su propia gravedad, se calientan y eventualmente encienden la fusión nuclear.

El crédito de la imagen incluye a N. Da Rio, de la Universidad de Virginia; G. De Marchi, de la Agencia Espacial Europea (ESTEC); y D. Gouliermis, de la Universidad de Heidelberg. El procesamiento estuvo a cargo de Gladys Kober, de la NASA y la Universidad Católica de América.

Conviene mirar los incentivos detrás de la publicación. La NASA ha lanzado en días recientes una serie de imágenes con referencias visuales a la celebración del 250 aniversario de los Estados Unidos —otra imagen del telescopio Chandra fue titulada «Universo rojo, blanco y azul»— y esta entrega se suma a ese ciclo comunicacional. El dato importa más que el ruido: independientemente del calendario editorial, la ciencia que documenta la imagen es sólida y los investigadores involucrados pertenecen a instituciones de primer nivel.

Hubble lleva más de tres décadas en órbita y sigue produciendo imágenes científicamente relevantes, ahora en paralelo con el telescopio James Webb, que opera en el infrarrojo y puede penetrar nubes de polvo opacas a la luz visible. Ambos instrumentos son complementarios: donde Hubble muestra el resplandor visible de estrellas jóvenes, Webb puede revelar lo que ocurre en el interior de las nubes donde aún no ha comenzado la ignición.

La imagen de LH 95 no resuelve ninguna controversia teórica por sí sola, pero añade resolución visual a modelos de formación estelar que dependen de observaciones acumuladas durante décadas. La historia sugiere cautela ante la tentación de presentar cada imagen como un «descubrimiento»; el valor real está en la acumulación sistemática de datos que permite refinar o refutar modelos. En ese sentido, Hubble sigue cumpliendo su función original: ampliar el inventario observacional con el que trabaja la astrofísica contemporánea.

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