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Gran jurado federal acusa a olímpico por daños en la Reflecting Pool de Washington

David Hearn, canoísta de 67 años que compitió en tres Juegos Olímpicos, enfrenta un cargo de destrucción de propiedad federal por supuestamente arrancar el revestimiento de la piscina renovada frente al Lincoln Memorial. La defensa califica la acusación de maniobra política.
Foto: upi.com
Estados Unidosviernes 3 de julio de 2026

Un gran jurado federal imputó el 2 de julio a David «Davey» Hearn, exolímpico estadounidense de canotaje, por destrucción de propiedad federal con carácter de delito mayor (felony), en relación con daños al revestimiento de la Lincoln Memorial Reflecting Pool en Washington.

La fiscalía federal sostiene que Hearn, de 67 años y residente en Bethesda, Maryland, arrancó deliberadamente una sección del sellador azul instalado recientemente en el fondo de la piscina durante una visita el 19 de junio. Según la fiscal federal Jeanine Pirro, empleados del Servicio de Parques Nacionales observaron a Hearn «jalando con fuerza y violencia el revestimiento del fondo con ambas manos», causando daños en aproximadamente dos pies cuadrados de material. Pirro cifró el perjuicio en más de mil dólares y describió la conducta como «un acto deliberado». Si es condenado, Hearn puede enfrentar hasta diez años de prisión. Una audiencia judicial quedó programada para el 9 de julio.

Hearn ofrece una versión radicalmente distinta. Según declaró a NBC News, se detuvo en el monumento durante un recorrido en bicicleta de 64 millas «para satisfacer su curiosidad como ciudadano sobre lo que ocurría con el alga y el revestimiento desprendido». Afirmó que el estado de la piscina era idéntico antes y después de su visita, y que fue esposado antes de comprender lo que sucedía. «No vandalicé nada», dijo. «No destruí, rompí ni pelé nada».

Su equipo legal, encabezado por Norm Eisen, cofundador y presidente ejecutivo del Democracy Defenders Fund, rechazó los cargos como «indignantes» y advirtió que «deberían alarmar a cada estadounidense». La defensa acusa a la administración de «desviar la atención de sus propios fracasos» y calificó la acusación de «narrativa fabricada» que usa el sistema judicial como cobertura política.

El trasfondo del caso es relevante. La Reflecting Pool fue sometida a una renovación que, según las fuentes, costó entre 14 y 15 millones de dólares, ordenada por el presidente Donald Trump para las celebraciones del 250 aniversario de la independencia estadounidense. Sin embargo, apenas días después de concluidos los trabajos el 6 de junio, la piscina comenzó a presentar floraciones de algas y el revestimiento azul empezó a desprenderse del fondo. Videos difundidos en redes sociales muestran la superficie cubierta de algas y personas tocando el material suelto. El Servicio de Parques Nacionales señaló previamente que el revestimiento había sido cortado con un objeto afilado, posiblemente una cuchilla.

Trump atribuyó el deterioro al vandalismo —afirmación que, según UPI, no ha sido verificada de manera independiente— y anunció múltiples arrestos. La fiscal Pirro vinculó el caso al derribo de monumentos durante las protestas de justicia racial de 2020, calificando ese tipo de conducta de «anarquía».

Conviene mirar los incentivos. La administración enfrenta la presión de justificar una inversión millonaria que produjo resultados visiblemente deficientes en cuestión de días. La acusación contra Hearn, un ciudadano sin antecedentes penales que describe una visita de turista curioso, llega en vísperas del 4 de julio y en medio de preguntas sin respuesta sobre la calidad de la renovación misma. El dato importa más que el ruido: la piscina mostraba problemas documentados antes de cualquier imputación por vandalismo.

Hearn compitió en los Juegos Olímpicos de 1992, 1996 y 2000 representando a Estados Unidos, y dirigió una empresa fabricante de materiales compuestos para embarcaciones, experiencia que, según su propia declaración, motivó su interés técnico en el revestimiento dañado. La historia sugiere cautela ante narrativas que resuelven convenientemente preguntas incómodas sobre responsabilidad institucional.

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