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Final de «Es mi sueño»: ocho voces, 100 millones de pesos y el voto del público como árbitro

El certamen conducido por Kaczka cierra su primera temporada este martes 18 de agosto de 2026 en el Teatro Ópera, con el jurado desplazado y la audiencia como única instancia decisoria.
Foto: infobae.com
Culturamiércoles 19 de agosto de 2026

El programa de talentos «Es mi sueño», conducido por Guido Kaczka en El Trece, llega este martes 18 de agosto de 2026 a su gran final en el Teatro Ópera de Buenos Aires. Ocho participantes competirán por un premio de 100 millones de pesos, y por primera vez en el ciclo será el público —votando en vivo— quien defina al ganador, sin intervención del jurado.

La lista de finalistas se completó el lunes 17 de agosto con la clasificación de Diego Detona, Emilio Zapata, Margarita Ponce y Tomás Cochello, que se sumaron a los cuatro ya confirmados el viernes 14: Ailén Peralta, Alan Birman, Dana Gómez y Julián Navarro.

Los perfiles ilustran la diversidad de trayectorias que el formato supo capitalizar. Detona, de 38 años, se define como «un artista de nacimiento» y atribuye su radicación en Buenos Aires a haber formado parte de la banda sonora de una película. Zapata, de 45 años, llega desde San Francisco Solano: combina la tapicería —oficio aprendido junto a su padre—, el tercer año de la carrera de abogacía y la reparación de computadoras. Ponce, de apenas 11 años y oriunda de Salta, es la más joven de la competencia; comenzó a cantar en reuniones familiares y emocionó al jurado en cada presentación. Cochello, de 22 años, dedica cada interpretación a su abuela «Tucci», fallecida el año anterior, y sueña con producir su propia música.

Entre los clasificados del viernes, Peralta, de 28 años y vecina de José C. Paz, obtuvo 400 puntos —el puntaje más alto de esa noche— tras superar una depresión que la había alejado de los escenarios. Birman, de 21 años y residente en Lanús, trabaja en una empresa de insumos de salud y planea lanzar un emprendimiento en el rubro automotor. Gómez, de 30 años y vecina de Hurlingham, creció en una familia de músicos, se inició en el coro de una iglesia evangélica y hoy conduce su propio proyecto de jazz. Navarro, de 23 años y también oriundo de Lanús, se presentó al programa un día después del fallecimiento de su padre; antes del certamen tenía un emprendimiento de frutos secos.

El desplazamiento del jurado como instancia final no es un detalle menor: en las rondas previas, los expertos tenían peso decisivo. Ahora la legitimidad del resultado descansa íntegramente en la audiencia, lo que amplifica tanto el componente emocional del formato como su exposición al voto masivo y no especializado.

La producción anunció además una segunda temporada. Según reveló, «desde el miércoles» el ciclo regresará con un formato que combinará celebridades y concursantes anónimos, bajo la misma conducción de Kaczka. La fuente no precisó si ese miércoles es el inmediatamente posterior a la final.

Conviene mirar los incentivos. «Es mi sueño» construyó su audiencia sobre historias de vida con alta carga emocional —la vuelta de Peralta tras una depresión, el duelo de Navarro, la precocidad de Ponce— más que sobre el virtuosismo técnico puro. Ese modelo, que prioriza la identificación del espectador sobre el criterio del experto, es rentable en términos de rating y coherente con la lógica del entretenimiento masivo. La segunda temporada, que incorporará figuras ya conocidas, apuesta a profundizar esa fórmula añadiendo el atractivo del reconocimiento previo. El dato importa más que el ruido: lo que se consagra esta noche en el Ópera no es solo un ganador, sino un formato que encontró su público y ya tiene continuidad asegurada.

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