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Lali Espósito y la China Suárez: distancia cordial, no ruptura

La cantante aclaró en una entrevista que ya no mantiene un vínculo de amistad con su excompañera de elenco, aunque le desea lo mejor. Sin drama, sin pelea: solo el paso del tiempo.
Foto: lanacion.com.ar
Culturamartes 25 de agosto de 2026

Mariana Espósito, conocida artísticamente como Lali, confirmó en una entrevista con el influencer Martín Cirio —transmitida el domingo 23 de agosto por el canal de Twitch de este último— que su relación con María Eugenia Suárez, «la China», ya no es de amistad cercana.

Ambas compartieron elenco en Rincón de Luz, Chiquititas 2006 y Casi Ángeles, producciones de Cris Morena que construyeron en el imaginario de sus seguidores una imagen de vínculo estrecho. Espósito se encargó de matizar esa percepción con precisión quirúrgica.

«No somos amigas. No es que pasó algo, no es que nos hayamos peleado, simplemente hace muchísimos años, muchísimos, que no tenemos un vínculo de amistad», dijo la cantante. El contexto de la declaración fue una reflexión más amplia sobre cómo valora sus relaciones personales: «Mis amigos, no digo que cualquiera es mi amigo, cualquiera que no esté en mi vida cotidiana no es mi amigo».

Lejos de cualquier animosidad, Espósito fue explícita en sus buenos deseos hacia Suárez. «Yo siempre le deseo la alegría, lo que sea la alegría para ella», afirmó, y añadió: «Tiene sus hijitos, y quiero que labure, que le vaya bárbaro y que sea feliz con la familia que forma. Te juro por Dios que cuando me entero por alguien en común de algo bueno de ella, me alegra».

La entrevista generó reacción inmediata en redes sociales, donde el fandom de las series de Morena suele mantener viva la nostalgia por aquellas duplas de pantalla.

Otro momento que circuló con rapidez fue la desmentida de Espósito sobre un rumor que había tomado fuerza en los días previos: que Madonna aparecería como invitada sorpresa en su próximo show en el Estadio de River Plate. «¡No la puedo traer a la Argentina! Paren un poco... Tendría que manejar yo el avión privado. Ya quisiera, pero bajen esa expectativa. Eso no significa que no estemos armando un espectáculo increíble, con gente potente. Pero Madonna es mucho, no me tengan tanta fe», respondió entre risas.

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Hay algo refrescante en la forma en que Espósito manejó ambos temas: sin evasivas, sin el lenguaje corporativo que suele rodear las declaraciones de figuras del espectáculo. Llamó a las cosas por su nombre —«no somos amigas»— sin convertir la aclaración en un espectáculo de resentimiento ni en una campaña de relaciones públicas disfrazada de sinceridad.

El dato importa más que el ruido. En un ecosistema mediático donde la ambigüedad calculada es moneda corriente, la claridad tiene valor propio. Que una artista de su proyección distinga con nitidez entre conocidos, personas a quienes aprecia y amigos reales dice más sobre su criterio personal que sobre cualquier supuesta disputa. La historia de Suárez y Espósito no es una ruptura: es, simplemente, el desgaste ordinario del tiempo y la distancia. Conviene mirar los incentivos del morbo antes de construir narrativas donde no las hay.

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