Un destello de luz, 70 cámaras y 2.000 fotografías: así funciona el escáner de cuerpo completo que Neko Health ofrece por unos US$400 en su clínica de Mánchester. Los datos recopilados generan un avatar en 3D mediante inteligencia artificial, con el objetivo de detectar cáncer de piel, enfermedad cardiovascular, diabetes tipo 2, glaucoma y desórdenes renales y sanguíneos, todo antes de que aparezca el primer síntoma.
El mercado de estas revisiones integrales de salud ha experimentado, según las fuentes, un boom en Reino Unido durante los últimos dos años. Compañías como Prenuvo, Ezra y Neko Health atraen millones en capital de inversión. La sola lista de espera de Neko Health suma 100.000 personas. Prenuvo y Ezra ofrecen escáneres de IRM de cuerpo completo; Neko Health apunta a un segmento de precio más accesible.
Los datos internos de la empresa muestran que, de 4.362 escáneres realizados en su clínica central de Estocolmo el año pasado, el 1,2% descubrió condiciones de riesgo mortal como melanoma y leucemia; el 4% detectó condiciones significativas que requirieron tratamiento adicional; y otro 1,2% advirtió sobre condiciones reversibles, como niveles de azúcar prediabéticos. Hjalmar Nilsonne, uno de los fundadores, reconoce que las cifras «no son representativas de la población» y solo contemplan a quienes pueden pagar.
La tecnología, sin embargo, no es infalible. Annabel Mason-Thompson, de 50 años, acudió a Neko Health en septiembre del año pasado con una mancha sospechosa en la espalda. Según su testimonio, el escáner de IA no detectó sus cuatro lesiones cancerosas. Fue solo al señalarle la mancha al médico en la consulta posterior que se inició el proceso de evaluación. Su dermatólogo encontró tres manchas adicionales que requerían tratamiento urgente; todas resultaron ser carcinomas de células basales de crecimiento lento, tratados con corte y crioterapia. Neko Health sostiene que su equipo clínico identificó una «lesión preocupante», revisada por dos dermatólogos antes de derivarla.
«Sabemos que no hay un sistema único que esté a prueba de fallas», declaró Nilsonne. «Es crucial que la tecnología y la experiencia humana trabajen juntas».
Desde el sistema público, la postura es más cautelosa. El NHS de Inglaterra advierte que la popularidad de estos escáneres genera un «exceso de diagnósticos, investigaciones innecesarias y ansiedad que se pueden evitar». La profesora Tzortziou Brown, presidenta del Real Colegio de Médicos Generales del Reino Unido, señala que no han visto «pruebas convincentes» de que los exámenes de detección amplia del sector privado «mejoran los resultados de la salud», y agrega que sus resultados pueden generar una carga adicional al NHS cuando los hallazgos «prueban ser clínicamente insignificantes».
Conviene mirar los incentivos. El debate no es solo clínico: es sobre quién paga y quién decide. Un mercado privado que ofrece detección temprana a quienes pueden costearla expande la libertad individual y el acceso a información sobre la propia salud, principios que este medio valora. El dato importa más que el ruido: de cada 100 personas escaneadas en Estocolmo, al menos cinco recibieron información accionable sobre condiciones serias o significativas. Eso no es trivial.
Pero la historia sugiere cautela ante la promesa de que más datos equivalen automáticamente a mejor salud. La carga que los falsos positivos y los hallazgos incidentales trasladan al sistema público es real, y el contribuyente que financia ese sistema tiene derecho a que se cuantifique con honestidad. El equilibrio entre innovación privada y sostenibilidad del sistema público es la pregunta que este mercado en auge todavía no ha respondido con evidencia suficiente.



