En un predio de 14.000 metros cuadrados dentro de la Base Aérea Militar Morón, el Museo Nacional de Aeronáutica resguarda más de 65 aeronaves, vehículos y objetos que narran la historia de la aviación argentina. Fundado en 1960 y relocalizado en Morón en noviembre de 2001, el museo exhibe desde el Blériot XI de 1908 hasta los cazas que operaron sobre el Atlántico Sur en 1982.
El Suboficial Mayor (R) Walter Marcelo Bentancor, responsable del Departamento de Investigaciones Históricas del museo, es quien descifra el significado de cada pieza. Su relato arranca con el IAI Dagger C-432, al que describe como «una de las aeronaves más emblemáticas de la colección expuesta sobre Malvinas, ya que se convirtió en el primer avión de combate de la Fuerza Aérea Argentina en atacar a la Task Force británica».
Según Bentancor, el 1° de mayo de 1982, integrante de la Escuadrilla «Torno» y bajo el mando del entonces Capitán Norberto Dimeglio, el C-432 despegó desde San Julián a las 15.30 cargado con dos bombas BRP de 250 kilos y munición completa para sus cañones de 30 milímetros. La aeronave tomó por sorpresa a una formación naval integrada por las fragatas HMS Alacrity y HMS Arrow y el destructor HMS Glamorgan. Según el historiador, el C-432 impactó a la Alacrity con sus cañones y sus bombas provocaron daños por onda expansiva en la Glamorgan. El avión realizó siete misiones de combate a lo largo del conflicto.
Otro capítulo lo protagoniza el Boeing CH-47 Chinook H-91, declarado «Tumba de Guerra» por una directiva del JEMGFAA. Bentancor relata que, también el 1° de mayo de 1982, tras el ataque de aviones Sea Harrier británicos a la BAM Cóndor, el H-91 realizó el primer traslado y evacuación sanitaria en combate real. Durante el trayecto hacia la Base de Puerto Argentino fallecieron los Suboficiales André Luis Brashich y José Alberto Maldonado, reconocidos como héroes nacionales.
El museo alberga asimismo tres ejemplares del Douglas A-4B Skyhawk, cazabombardero de origen estadounidense fabricado en la década de 1950. «A pesar de su veteranía, la total falta de equipamiento y armamento moderno acorde al combate que les tocaría enfrentar, causaron un verdadero dolor de cabeza a los ingleses», señala Bentancor. Como integrantes del Grupo 5 de Caza, con asiento en la V Brigada Aérea de Villa Reynolds, San Luis, los A-4B fueron, según el historiador, responsables de los principales daños a la flota británica, daños que incluyeron a la fragata Tipo 21 HMS Antelope, al destructor Tipo 42 HMS Coventry, al buque de desembarco Sir Galahad y a un lanchón LCU. Bentancor agrega que, junto a los Mirage 5 y A4-Q navales, participaron también en el hundimiento de la fragata Tipo 21 Ardent y pusieron fuera de combate al destructor Tipo 42 Glasgow, a la fragata Tipo 12 Argonaut y al buque de desembarco Sir Tristam, además de averiar la fragata Tipo 22 Brilliant, el buque Sir Lancelot y la fragata Tipo 22 Broadsword.
Finalmente, el A4C C-322 expuesto en el museo realizó varias misiones de combate durante la guerra, aunque no participó en la operación del 30 de mayo de 1982, descrita por la fuente como «la más riesgosa y osada de todo el conflicto». En esa misión intervinieron cuatro A4 C del Grupo 4 de Caza y dos Super Etendard de la aviación naval. El C-322 sirve, no obstante, como homenaje a ese escuadrón.
Conviene mirar los incentivos que rodean a instituciones como el Museo Nacional de Aeronáutica: con presupuesto estatal y vocación de memoria, su valor reside en que preserva el registro material de decisiones tomadas bajo presión extrema. El dato importa más que el ruido: aeronaves con décadas de antigüedad, sin armamento moderno, sostuvieron un conflicto de cuarenta días frente a una de las marinas más experimentadas del mundo. Ese patrimonio, hoy en hangares de Morón, es también un argumento sobre la capacidad institucional cuando el Estado invierte en formación técnica y no solo en retórica.



