El dato importa más que el ruido: el seleccionado estadounidense no ha superado los octavos de final de un Mundial desde 2002. El lunes, en Seattle, tiene noventa minutos para romper ese ciclo ante Bélgica.
La clasificación llegó el 1 de julio en el estadio del Área de la Bahía de San Francisco, con un triunfo 2-0 sobre Bosnia y Herzegovina que tuvo más drama del esperado. Folarin Balogun abrió el marcador en el minuto 45, pero fue expulsado en el 64 tras una revisión del VAR por un aparente pisotón accidental sobre el tobillo del bosnio Tarik Muharemovic. La decisión encendió la polémica: el árbitro de selecto grupo Andy Davies escribió para ESPN que el contacto «fue puramente accidental y un resultado desafortunado de dos jugadores disputando la posesión en un movimiento normal de fútbol», y agregó que el VAR emitió su recomendación basándose en repeticiones a cámara lenta, lo cual, según él, no se alinea con los protocolos vigentes. Hasta el diccionario Merriam-Webster publicó en X que aquello «no era la definición de tarjeta roja».
Con diez jugadores durante los últimos treinta minutos, el mediocampista Malik Tillman selló el 2-0 en el 82 con un disparo directo de tiro libre. La victoria fue sólida pese a la adversidad numérica.
Al pitazo final, el defensa Mark McKenzie lideró al plantel en una oración colectiva que circuló ampliamente en redes sociales y generó reacciones aprobatorias en círculos conservadores y cristianos de Estados Unidos. La escena —cabezas inclinadas, un «amén» coral— resume algo que conviene mirar con atención: este equipo ha construido una identidad visible, y esa identidad resuena en una parte del país que rara vez se identifica con el fútbol.
Ahora viene el examen real. Bélgica llega a Seattle tras protagonizar quizás la remontada más extravagante del torneo: estaba 2-0 abajo ante Senegal en el minuto 85, Romelu Lukaku descontó en el 86, Youri Tielemans empató dos minutos después, y el propio Tielemans convirtió un penal en el quinto minuto del tiempo adicional tras los 120, anotando el gol más tardío en la historia del Mundial. Es un equipo que sabe sobrevivir.
El historial pesa. En 2014, Bélgica eliminó a Estados Unidos 2-1 en tiempo extra; Kevin De Bruyne y Lukaku marcaron aquella tarde, y los dos están convocados para el lunes. El portero Tim Howard estableció ese día el récord de 16 atajadas en un solo partido, pero no alcanzó. La revancha lleva doce años esperando.
Sin Balogun —tres goles en el torneo, máximo anotador del equipo, suspendido sin posibilidad de apelación— el técnico Mauricio Pochettino deberá redistribuir la carga ofensiva entre Christian Pulisic, Malik Tillman y Weston McKennie. Conviene mirar los incentivos: un equipo que ya demostró carácter con inferioridad numérica puede encontrar en la adversidad un argumento adicional de cohesión.
Si supera a Bélgica, Estados Unidos enfrentaría a España o al ganador del duelo Croacia-Portugal en cuartos. El calendario se estrecha; la historia sugiere cautela, pero el momento es genuino.



