La colonia México Nuevo, en Ecatepec, Estado de México, estrenó un parque lineal construido sobre un corredor que durante décadas funcionó como tiradero clandestino e invasión al derecho de vía de la Comisión Federal de Electricidad. Para habilitarlo fue necesario retirar más de mil 600 toneladas de basura y cascajo, según informó Carlos Cruz Ramos, director de Servicios Públicos del municipio.
El espacio incluye canchas de futbol y basquetbol, juegos infantiles, áreas de ejercitación, zona para perros y jardines polinizadores. La obra también abarcó el rescate del llamado Parque Pemex, con cancha de basquetbol, juegos infantiles y jardines polinizadores adicionales. En paralelo, el gobierno federal construyó un CBTIS en la colonia, mientras las autoridades municipales pavimentaron 10 calles e introduyeron redes de agua potable y drenaje.
Carlos Ramírez Brassetti, director de Obras Públicas, señaló que el parque tiene además una función hidráulica: infiltrar agua de lluvia al subsuelo y prevenir inundaciones en las partes bajas del área. La instalación incluyó 96 postes nuevos, 335 luminarias y ocho reflectores, además de 22 reconexiones eléctricas.
Jesús Clara González, director de Protección Civil y Bomberos, describió las condiciones previas del sitio: negocios clandestinos, animales muertos, fauna nociva y presencia de delincuencia. «Ustedes estaban en un área muy peligrosa», dijo a los vecinos durante la entrega.
La alcaldesa Azucena Cisneros Coss presidió el acto y reconoció haberse sorprendido con la transformación. «No entregamos hoy una Alameda —afirmó—, entregamos bienestar, seguridad, amor a los niños, a los jóvenes, tranquilidad y el derecho a espacios como éstos, dignificados». Un habitante de la colonia que lleva unos 30 años en el lugar calificó el cambio como «un sueño» y recordó que durante ese tiempo vivieron con servicios deficientes, sin seguridad y entre oscuridad y miedo.
En la transformación participaron las áreas municipales de Obras Públicas, Protección Civil, Medio Ambiente y otras dependencias del gobierno local.
Conviene mirar los incentivos. Que una colonia permanezca tres décadas sin pavimento, sin drenaje y con un basurero ilegal operando impunemente sobre infraestructura federal no es un accidente administrativo: es el resultado predecible de un aparato estatal que prioriza la visibilidad política sobre la provisión cotidiana de servicios. El costo de ese abandono —mil 600 toneladas de residuos, luminarias inexistentes, calles sin pavimentar— lo pagaron los vecinos con su calidad de vida y lo paga ahora el contribuyente con la factura de la rehabilitación.
El dato importa más que el ruido. La obra es real y los beneficios para los residentes son concretos. Pero la pregunta que ningún discurso inaugural responde es por qué el derecho de vía de la CFE pudo ser invadido durante décadas sin que ninguna autoridad —municipal, estatal o federal— interviniera antes. Esa omisión prolongada es la verdadera historia detrás del parque.



