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Desarticulada banda venezolana que operaba como empresa criminal en el metro de Medellín

Ocho meses de inteligencia policial culminaron en la captura de ocho integrantes de Las Pirañas, estructura dedicada al hurto sistemático de celulares de alta gama en cinco estaciones del sistema metro.
Foto: elcolombiano.com
Las Américasmiércoles 19 de agosto de 2026

Las autoridades de Medellín desarticularon la banda conocida como Las Pirañas, conformada por ciudadanos venezolanos que operaban bajo una división de roles para hurtar celulares y objetos de valor a usuarios del metro de la ciudad. Ocho personas fueron capturadas y enviadas a centro carcelario tras imputárseles cargos por hurto calificado y agravado, y concierto para delinquir.

El secretario de Seguridad de Medellín, Villa Mejía, describió la organización como «una estructura debidamente organizada» en la que «tenían los roles totalmente definidos y funcionaban como si se tratara de un sistema perfecto». Según explicó, varios de los capturados fueron detenidos en flagrancia mientras cometían hurtos de celulares valorados en más de seis millones de pesos.

El esquema operativo era preciso. Un grupo se encargaba del cosquilleo directo —extraer el teléfono del bolso o bolsillo de la víctima—; otro generaba distracciones para romper la concentración del objetivo; y un tercer grupo actuaba como campaneros, alertando sobre la presencia de autoridades. El comandante de la Policía Metropolitana, general Bello Cubides, señaló que cada integrante «tenía unas funciones específicas en esa empresa criminal».

Las investigaciones identificaron como zonas de operación las estaciones San Antonio, Poblado, Parque Berrío, Prado y La Candelaria. Los capturados son Óscar Yoel Ortega Ortega, Arnoldo Antonio Ortiz, Dervis José Montilla Santiago, Yirvina Yetzabeth Salazar Gómez, Albani del Valle Senir Rodríguez, Sandra Yaneth Rodríguez, Inés Martina Argumedo Zárraga y Dubraska Elizabeth Dondi Pino. Ninguno se allanó a los cargos.

Durante los operativos se incautaron 27 celulares, en su mayoría de alta gama, y se recuperaron tres teléfonos recientemente hurtados. También se hallaron 38 repuestos, nueve pantallas, dos baterías y sustancias estupefacientes, cuya finalidad —consumo propio o distribución— está siendo investigada.

El dato importa más que el ruido. Lo que las autoridades describen no es un grupo de carteristas improvisados, sino una organización con jerarquía, especialización funcional y zonas de influencia definidas. Esa arquitectura criminal —roles, alertas, logística de reventa de repuestos— exige una respuesta institucional proporcional: investigación patrimonial, seguimiento de redes de comercialización y cooperación con autoridades migratorias, sin que ello derive en estigmatización colectiva.

Conviene mirar los incentivos. El metro de Medellín es infraestructura pública financiada por los contribuyentes y su valor depende, en buena medida, de la percepción de seguridad. Cada celular hurtado es un costo privado; la erosión de confianza en el sistema es un costo colectivo. Que ocho meses de inteligencia hayan bastado para desmantelar la banda es una señal positiva sobre la capacidad operativa de la Policía Metropolitana. La pregunta que queda abierta es si el sistema judicial retendrá a los imputados el tiempo suficiente para que la disuasión sea creíble.

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