Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió Colombia el lunes 10 de agosto, tres días antes de la investidura presidencial de Abelardo de la Espriella. El sismo dejó más de 280 muertos y más de 3.970 heridos, según las fuentes disponibles, y convirtió la gestión de la emergencia en el primer examen real de la nueva administración.
En ese contexto, De la Espriella tomó el teléfono y llamó al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. El resultado fue más que protocolar. «Tuve una conversación muy cálida y enriquecedora con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. Le agradecí profundamente por toda la ayuda humanitaria y por los rescatistas que Israel ha enviado a Colombia en estos momentos tan difíciles», escribió el mandatario colombiano en su cuenta de X.
El mensaje no se limitó a la emergencia. De la Espriella aprovechó para trazar una nueva coordenada diplomática: «Este es un nuevo tiempo para las relaciones entre Colombia e Israel: una relación basada en la amistad, la solidaridad, la cooperación y el respeto mutuo. ¡Colombia e Israel, siempre amigos y aliados!»
Desde Jerusalén, Netanyahu respondió en el mismo tono. En su cuenta oficial, el primer ministro israelí señaló que disfrutó la llamada con el «nuevo líder electo de Colombia», le agradeció los reconocimientos a su país y añadió: «Le doy la bienvenida a este nuevo capítulo en nuestras relaciones con Colombia. Lo mejor está por venir». Netanyahu también mencionó que De la Espriella reconoció la soberanía israelí sobre los Altos del Golán.
El intercambio marca un giro visible en la política exterior colombiana hacia Israel. La naturaleza exacta del estado previo de esas relaciones no está detallada en las fuentes disponibles, pero el propio lenguaje de ambos mandatarios —«nuevo capítulo», «nuevo tiempo»— sugiere una ruptura con la orientación anterior de Bogotá.
Conviene mirar los incentivos. Para De la Espriella, la crisis sísmica ofreció una ventana inesperada: recibir ayuda concreta de un país con capacidades de rescate reconocidas internacionalmente y, al mismo tiempo, señalizar ante los mercados y los socios occidentales que Colombia regresa a coordenadas de política exterior más predecibles. La cooperación en emergencias suele ser el primer eslabón de vínculos más amplios en materia de seguridad, tecnología e inversión.
El dato importa más que el ruido. Colombia acaba de atravesar un desastre natural con más de 280 víctimas fatales en los primeros días de un gobierno nuevo. Que la primera llamada de alto perfil de De la Espriella haya derivado en un anuncio de alianza estratégica con Israel —y no en una declaración de crisis interna— dice algo sobre las prioridades de la nueva administración: orden, cooperación internacional y apertura. Para un país que necesita reconstruir confianza inversora y estabilidad institucional, ese ángulo exterior no es accesorio; es parte del mensaje.



