A dos meses de los terremotos que afectaron La Guaira, Caracas, Miranda y Falcón, la Cruz Roja Venezolana contabilizó 15.600 consultas médicas, 4.211 atenciones de salud mental y apoyo psicosocial, y la distribución de más de 203.000 litros de agua segura. El balance corresponde a 490 actividades realizadas en más de 30 localidades.
Las consultas médicas se ofrecen principalmente en los puntos habilitados del Hospital de Campaña Jorge García Carneiro, en la parroquia Macuto, y en la plaza Padre Machado de Maiquetía, en el estado La Guaira. Los equipos también realizan visitas domiciliarias en La Guaira y Caracas para evaluaciones médicas, orientación a cuidadores y derivaciones hacia centros de mayor complejidad.
Las 4.211 atenciones de salud mental y apoyo psicosocial están dirigidas a personas que enfrentan angustia, duelo e incertidumbre tras los sismos. En materia de agua, saneamiento e higiene, la asistencia alcanzó a 10.150 personas.
Además, 3.077 familias recibieron paquetes de higiene, cocina y artículos de primera necesidad, lo que representa a más de 12.000 personas si se considera una composición promedio de cuatro integrantes por hogar, según indica la propia organización.
El estado La Guaira concentra la mayor parte del despliegue, aunque la ampliación hacia el Distrito Capital, Miranda y Falcón responde a la identificación de personas en situación de vulnerabilidad que, sin estar en las zonas de mayor impacto, pueden ver agravadas sus condiciones tras la emergencia.
La operación cuenta con 1.490 voluntarios activos de distintas filiales de la Cruz Roja Venezolana y está planteada para 24 meses, con un seguimiento permanente de necesidades que permite ajustar la asistencia a las condiciones cambiantes de las familias afectadas.
Conviene mirar los incentivos. Una operación humanitaria de 24 meses, con casi 1.500 voluntarios y cobertura en cuatro estados, describe una emergencia de largo aliento, no un episodio puntual. El dato importa más que el ruido: la Cruz Roja no improvisa; planifica, escala y sostiene. Eso habla bien de la organización y, al mismo tiempo, plantea una pregunta legítima sobre la arquitectura institucional de la respuesta: cuando la sociedad civil organizada debe proyectar dos años de operación continua para cubrir necesidades básicas de salud, agua y apoyo psicosocial, el debate sobre la capacidad y la presencia del Estado venezolano en la reconstrucción resulta inevitable. La historia sugiere cautela ante cualquier balance oficial que no incluya cifras verificables e independientes.



